ROSALIND FRANKLIN

Ayer leí que Martín Hernández hacía en la Biblioteca de Alcolea del río, el siguiebte comentario: “CALMATE, ESTA BIEN QUE NO LE DIERON EL NOBEL, PERO ES MORTAL”.
No sé exactamente que quiere decir nuestro amigo Martín, pero yo que soy especialmente sensible al maltrato recibido a las grandes mujeres protagonistas de nuestra historia no de podido, o no he sabido contener el publicar en el mismo medio un fragmento de mi obra “Más allá del Olvido” (sin publicar todavía) donde le dedico un capítulo a Rosalind junto a otras mujeres que, en mi opinión merecen, ser recordadas y ser encumbrarlas hasta el lugar que les h negado la Historia.
La corta vida de Rosalind Franklin estuvo llena de obstáculos. La primera mujer en fotografiar la molécula del ADN y descubrir la estructura de nuestra composición genética, murió sin ser reconocida por sus logros. En 1962, cuatro años después de su muerte y durante la entrega de los premios Nobel a la medicina, el nombre de Franklin brilló por su ausencia. Aunque su trabajo fue decisivo en el descubrimiento del ADN en 1953.
Rosalind tuvo dificultades para obtener lo que quería desde el principio. A pesar de haber nacido en una familia adinerada de Londres, la científica tuvo que luchar con los problemas de ser mujer a principios del siglo XX.
Nació en 1920, en el seno de una familia judía que decían ser orgullosos descendientes del Rey David.
Sus parientes acogieron durante el régimen y la ocupación Nazi a muchos judíos refugiados. En una ocasión, la joven compartió su habitación con un jovencito cuyos padres habían sido enviados a campos de concentración.
A los quince años, decidió estudiar ciencias y sobrepasó el examen para entrar a la Universidad de Cambridge. Lo pasó con honores.
Sin embargo, su padre no aprobaba que las mujeres fueran a la universidad y se negó a pagar sus estudios. Por suerte, una tía lo desafió y decidió encargarse de las cuentas. Al final, la tía junto con su madre convencieron al padre, quien no sólo pagó sus estudios sino que se convirtió en el confidente de su hija.
Ella le escribiría, en el verano de 1940: “La ciencia y la vida ni pueden ni deben estar separadas. Para mí la ciencia da una explicación parcial de la vida.
Tal como es se basa en los hechos, la experiencia y los experimentos… Estoy de acuerdo en que la fe es fundamental para tener éxito en la vida, pero no acepto tu definición de fe, la creencia de que hay vida tras la muerte. En mi opinión, lo único que necesita la fe es el convencimiento de que esforzándonos en hacer lo mejor que podemos nos acercaremos al éxito, y que el éxito de nuestros propósitos, la mejora de la humanidad de hoy y del futuro, merece la pena de conseguirse”. Así se expresaba Rosalind Franklin hacia 1940, cuando tenía veinte años, en una carta dirigida a su padre con quien, como buena e inteligente hija, discrepaba en varias cuestiones. Rosalind es la científica con cuyos datos Watson y Crick formularon en 1953 el modelo de doble hélice que describe la estructura del ADN, uno de los hitos de la Biología del siglo XX. ¿Por qué son ellos los únicos “famosos”?
Se graduó en 1941 y enseguida comenzó un doctorado. Su especialidad residía en la química y la física molecular. Antes de cumplir 26 años ya había publicado cinco experimentos sobre la composición molecular del carbón y la mejor forma de usarlo durante la guerra. Los que la conocieron dicen que adoraba los hechos. Era terca, directa, rápida y no vacilaba para tomar una decisión.
Al finalizar la guerra en Europa, se trasladó a Francia donde permaneció tres años hasta que fue invitada por la Universidad de King para continuar con sus trabajos sobre el ADN. La ciencia de la genética estaba por nacer.
Su estancia en la universidad británica no comenzó con buen pie.
Un malentendido administrativo originó una antipatía con su compañero de trabajo, Maurice Wilkins.

Rosalind pensaba que el proyecto era solo de ella, Maurice sostenía que él estaba a cargo, y ella lo trataba como a un asistente mientras él intentaba tomar las riendas.
Franklin ya había realizado uno de los descubrimientos más importantes del siglo. En febrero de 1953 escribió en sus cuadernos que la estructura del ADN estaba compuesta por dos cadenas.
Además tomó la primera radiografía de la famosa doble hélice y notó que los grupos de fosfatos iban por fuera y que el ADN existía en dos formas. También había medido de manera precisa la unidad celular más pequeña de cristal de ADN.
Considerado como el logro médico más importante del siglo XX, el modelo de la doble hélice del ADN abrió el camino para la comprensión de la biología molecular y las funciones genéticas; antecedentes que han permitido llegar al establecimiento, en estos días, de la secuencia “completa” del genoma humano.
Rosalind Franklin obtuvo una fotografía de difracción de rayos X que reveló, de manera inconfundible, la estructura helicoidal de la molécula del ADN.
(El ácido desoxirribonucleico, frecuentemente abreviado ADN (o DNA en inglés) es una macromolécula que forma parte de todas las células. Contiene la información genética usada en el desarrollo y el funcionamiento de los organismos vivos conocidos y de algunos virus, siendo el responsable de su transmisión hereditaria.)
Esa imagen, conocida hoy como la famosa fotografía 51, fue un respaldo experimental crucial para que el investigador estadounidense James Watson y el británico Francis Crick establecieran, en 1953, la célebre hipótesis de la “doble hélice” que es característica de la estructura molecular del ADN (ácido desoxirribonucleico), por la que en 1962, junto con Maurice Wilkins, se les concediera el Premio Nóbel en Fisiología y Medicina.
A pesar de ello no estaba cómoda en King. Se llevaba mal con Wilkins y se sentía aislada por ser judía en una universidad predominantemente católica. Parte de la población en King estaba compuesta por estudiantes seminaristas de la iglesia.
Además, sólo ocho mujeres más estudiaban ciencias en todo el lugar, ninguna de ellas era judía. A punto de terminar el proyecto, Rosalind lo abandonó todo para instalarse en otra universidad.
Rosalind Franklin es la científica con cuyos datos Watson y Crick formularon en 1953 el modelo de doble hélice que describe la estructura del ADN, uno de los hitos de la Biología del siglo XX. ¿Por qué son ellos los únicos “famosos”?.
James Watson y Francis Crick, estaban a punto de descubrir lo que Franklin no sólo sabía sino que también había observado.
Watson viajó a la Universidad de King y Wilkins le mostró los apuntes de Rosalind y la radiografía del ADN.
Watson diría más tarde que al ver aquello, “el corazón comenzó a latirle aceleradamente”.
Semanas después, Watson, Crick y Wilkins, publicaban los estudios que le ganarían el premio Nobel en Medicina. Mientras, Rosalind se instalaba en la Universidad en Birkbeck, donde pasaría felices momentos estudiando virus.
Hasta ahora, no existe evidencia alguna de que Rosalind se enterara posteriormente que Watson y Crick habían visto su trabajo a través de Wilkins y Max Perutz del Laboratorio Cavendish, antes de publicar sus experimentos.
Franklin, Watson y Crick se hicieron buenos amigos, y los tres científicos comenzaron a colaborar después que se publicaran los estudios sobre el ADN en la revista científica Nature.
Más tarde viajarían juntos por Europa, mientras Rosalind se refugiaba en casa de Crick en los peores momentos de su enfermedad.
Ellos nunca le agradecieron directamente por su trabajo ni mencionaron haberlo visto antes de publicar los suyos.
Irónicamente, la Universidad de King, el lugar donde Rosalind pasó sus peores momentos, le ha dedicado un edificio a la científica. El plantel se llama Franklin-Wilkins, en honor a la “pareja-dispareja”.
Los homenajes al trabajo de Franklin llegaron muy tarde. La madre de la genética murió en 1958 de cáncer en el ovario, y su reconocimiento, todavía discutible, pasado 1965. Con toda probabilidad, esta enfermedad fue causada por las repetidas exposiciones a la radiación durante sus investigaciones. Tenía 37 años.
Cuatro años más tarde, tres hombres disfrutarían del premio más alto a la labor científica gracias a ella. Pero nadie mencionó entonces su nombre. Las leyes del premio tampoco permitían que lo recibieran científicos después de morir.
Sólo años después de la muerte de la mujer, Watson y Crick confesarían, durante entrevistas y biografías, que sin el trabajo de Rosalind Franklin les hubiese sido imposible publicar sus experimentos tan rápidamente.
Nunca sabremos si Rosalind Franklin llegó a saber que se habían divulgado sus datos sin su permiso, los otros actores de la historia nunca lo afirmaron pero tampoco lo negaron. Ni Watson ni Crick la nombraron en sus discursos de aceptación del Nobel. Fue Wilkins, precisamente el elemento del trío con quien Rosalind tuvo más problemas, a quien Crick convenció para que la mencionase.
Cuando se trasladó a la Universidad de Birkbeck fue prácticamente obligada a abandonar el trabajo sobre el ADN y comenzó a trabajar sobre la estructura de los virus. Watson hablo de este tema exactamente pero no la menciono ni una sola vez.
No parece que Rosalind tuviese rencores frente al hecho de que su trabajo sobre la estructura del ADN solo ocupó el tercer lugar en el número de la revista Nature en la que se publicaron a la vez la teoría de Watson y Crick, los resultados de Wilkins y los de ella misma
No obstante, para Rosalind, el estudio de la estructura del ADN nunca se trató de una carrera.
No sabía que otros luchaban por llegar primero a una meta que ella había decidido guardar en una maleta y posponer su búsqueda hasta conseguir sentirse más cómoda con su vida.
Sus compañeros, incluso Watson, famoso por la mordacidad con que se refiere a sus colegas, expresaron repetidas veces su respeto personal e intelectual por ella.
En cualquier caso, Rosalind Franklin merece el lugar que ha llegado a ocupar como icono del avance de las mujeres en la ciencia.