AHORA LE TOCA A CATALUNYA

AHORA LE TOCA A CATALUNYA

Trabajé en un artículo hace algunas semanas, sobre la grandeza de al-Ándalus, fruto sobre todo de un intercambio de opiniones con José Antonio, sobre dos de las mas grandes naciones españolas: Andalucía y Catalunya, con el objetivo básico de separar fulleros, estafadores, facinerosos y corruptos en ambos territorios (o los del resto de España) de nuestras culturas y orígenes, que nada tienen que ver con esa orgía ruin, indigna y despreciable, que en general solo tiene un objetivo: llegar al poder.
Y ahora le toca a esta otra tierra, Catalunya

Bajo el gobierno del conde Ramón Berenguer IV (1131-1162), se produjeron diferentes hechos fundamentales para la historia de Catalunya.
El primero, su boda con Petronila de Aragón, lo que supuso la unión del condado de Barcelona y del Reino de Aragón, por lo que con el tiempo el territorio común sería conocido como Corona de Aragón.
Fruto de esta unión fue que Ramón Berenguer pasó a ser el princeps o dominador de Aragón, ya que el rey aragonés Ramiro le hizo donación de su hija y de su reino para que la tuviera a ella y al reino en dominio «salva la fidelidad a mí y a mi hija» («dono tibi, Raimundo, barchinonensium comes et marchio, filiam meam in uxorem, cum tocius regni aragonensis integritate […] salva fidelitate mihi et filie mee.»), y se retiró a la vida monástica, aunque nunca cedió su dignidad real, esto es, que en adelante sería rey, señor y padre de Ramón Berenguer tanto en Aragón como en todos sus condados («sim rex, dominus et pater in prephato regno et in totis comitatibus tuis, dum mihi placuerit»).
La unión del condado de Barcelona y el reino de Aragón no fue, pues, el fruto de una fusión ni de una conquista, sino el resultado de una unión dinástica pactada. De hecho, los territorios que compusieron la Corona mantuvieron por separado sus propias leyes, costumbres e instituciones, y los monarcas reinantes tuvieron que respetar estas bases.
A nivel dinástico, existen diversas explicaciones en la historiografía actual sobre la continuidad de las casas gobernantes en la Corona unida. Así, algunos historiadores, como Ubieto o Montaner, creen que se produjo un prohijamiento por el cual Ramón Berenguer pasaba a ser un miembro más de la Casa de Aragón. En cambio, José Luis Villacañas o Vicente Salas Merino, entre otros autores, consideran que la dinastía reinante entre 1162 y 1412 fue la Casa de Barcelona.
En lo sucesivo, Ramón Berenguer IV materializó las nuevas conquistas políticamente diferenciadas asignadas a título personal como marquesados. Conquistó Tortosa y Amposta en 1148, y Lérida en 1149 gracias a una ofensiva conjunta con el conde de Urgell, Ermengol VI. Estos territorios fueron repoblados a lo largo del siglo XII y suelen recibir el nombre genérico de Catalunya Nueva, para distinguirlos de los antiguos condados carolingios que conformaban el área oriental de la Marca Hispánica, denominados Catalunya Vieja. La línea de separación entre ambas áreas geográficas suele establecerse en la línea delimitada por los ríos Llobregat, su afluente el Cardener, y el Segre.
La progresiva cohesión del territorio y del gobierno de la Catalunya de aquella época por la fuerza de los hechos culminó con una realidad de derecho: en virtud del Tratado de Corbeil (1258) entre Jaime I el Conquistador y Luis IX (San Luis de Francia), el primero firmaba la pérdida de sus dominios ultra pirenaicos (excepto Montpellier) y el rey de Francia, como sucesor de los reyes carolingios, renunciaba a sus derechos sobre los condados catalanes de Barcelona, Urgell, Besalú, Rosselló, Empúries, Cerdanya, Conflent, Girona y Osona. Catalunya perdía algunos territorios, pero ganaba la independencia de derecho.
La independencia de hecho se sitúa en el año 989.
La dinastía autóctona catalano-aragonesa se extinguió a principios del siglo XV.
El trono pasó sucesivamente a dinastías de origen castellano (Trastámara), austríaco (Habsburgo) y francés (Borbones). Sin embargo, los países de la Confederación catalano-aragonesa disponían desde el siglo XV de un organismo político-administrativo surgido de las Cortes Reales, la Generalitat, que se convertiría en una institución de gobierno. El ejercicio del poder durante la época medieval ciertamente tiene poco que ver con la separación de poderes de los modernos estados de derecho democrático.
Sin embargo, es sintomático que la única institución de autogobierno que a lo largo de los siglos ha expresado el poder político en Catalunya y perdurado hasta la actualidad haya sido la Generalitat.
La Generalitat de Catalunya debe su origen a las Cortes Catalanas, que, durante el reinado de Jaime I el Conquistador, se reunían convocadas por el rey. Bajo el reinado de Pedro el Grande, las Cortes Catalanas tomaron forma institucional.
El rey se obligaba a celebrar Corte General anualmente. Las Cortes ejercían funciones de consejo y también legislativas por medio de los denominados “tres brazos”: el eclesiástico, el militar y el popular o cámara real.
El primer paso hacia la institución de la Generalitat se produjo en las Cortes celebradas en 1289 en Monzón, al designarse una Diputación del General, comisión temporal para recaudar el “servicio” o tributo que se concedía al rey. Este impuesto era conocido popularmente como generalidad, nombre que se exportó a Francia donde se crearon las generalités o distritos fiscales. Con el paso del tiempo, el nombre oficioso de Generalitat terminó suplantando el nombre oficial de Diputación del General.
En las Cortes de 1358-1359 celebradas en Barcelona, Vilafranca del Penedés y Cervera, las Cortes designaron a doce diputados con atribuciones ejecutivas en materia fiscal, así como unos “oyentes de cuentas” que controlaban la administración bajo la autoridad del que está considerado como primer presidente de la Generalitat, Berenguer de Cruïlles.
En el interregno producido por la muerte de Martín el Humano, la Generalitat asumió responsabilidades políticas. El sistema de elección de los diputados fue objeto de constante discusión. En las Cortes del 1455, y para evitar el nepotismo oligárquico, se introdujo el sistema de insaculación: los diputados salientes elegían a doce candidatos entre los que se elegía uno al azar.
La progresiva emancipación de los condes catalanes de los siglos X y XI respecto a los reyes francos; la conquista de nuevos territorios a los árabes y su consiguiente repoblación con gente de habla catalana, y la supremacía del condado de Barcelona (Ramón Berenguer III y Ramón Berenguer IV) fueron determinantes en el largo proceso de unificación del territorio, de creación de la capitalidad de Barcelona, de consolidación de la unidad de gobierno de los condados catalanes y de implantación de la lengua propia del país.
Los soberanos de la casa de Barcelona rigieron a los catalanes durante más de cinco siglos.
El reinado de Pedro IV el Ceremonioso (1336-1387) se caracterizó por graves tensiones bélicas, entre las que se cuentan la anexión del reino de Mallorca, el sofocamiento de una rebelión sarda, de la rebelión de los unionistas aragoneses y valencianos y, sobre todo, la guerra con Castilla. (No con España).
Estos episodios generaron una delicada situación financiera, en un marco de crisis demográfica y económica, pero también un poderoso desarrollo institucional y legislativo, en el que destaca la creación de la Diputación General de Cataluña o Generalitat de Cataluña (1365).
En 1375, una protesta de los representantes de Fraga ante las Cortes reunidas en Tamarite vuelve a desplazar el límite occidental de Cataluña, ya que esta ciudad vuelve a quedar bajo el fuero de Aragón.
La muerte sin descendencia y sin el nombramiento de sucesor del rey Martín I el Humano en 1410 abrió, además, una grave crisis sucesoria. Ello abrió un periodo de interregno en el que aparecieron diversos candidatos al trono.
Los intereses comerciales de catalanes y aragoneses, así como la animadversión que despertaba Jaime de Urgell, entre la burguesía barcelonesa, así como los esfuerzos del papa Luna a través de Vicente Ferrer, acabarían favoreciendo al candidato de la dinastía castellana de los Trastámara, Fernando de Antequera, quien, tras el llamado Compromiso de Caspe de 1412, fue nombrado monarca de la Corona de Aragón.
Como resultado del Compromiso de Caspe, la titularidad del condado pasó a la dinastía Trastámara, originaria de Castilla, mediante la coronación de Fernando I de Aragón. Posteriormente, la unión dinástica entre las coronas de Castilla y Aragón comportaría la inclusión del condado en los territorios regidos por los Austrias.
A pesar de la vinculación del condado a la monarquía hispánica, el Derecho propio del condado de Barcelona se mantuvo vigente hasta que fue abolido en 1714 con los Decretos de Nueva Planta, tras la Guerra de Sucesión española. Desde entonces el condado deja de ser una entidad política soberana y el espacio político de la actual Cataluña sólo volvería a definirse como tal mediante los estatutos de autonomía de 1932, 1979 y 2006.
Por otra parte, el título de conde de Barcelona es ostentado actualmente por el titular de los derechos a la corona española, Felipe VI, quien se lo dono su padre Juan Carlos I, y a este su abuelo revirtiendo a su muerte a los títulos de la Corona española, pues es un título real.