ALMANZOR Y LAS CAMPANAS DE SANTIAGO

Almanzor “El Victorioso”, se dedicó durante más de 20 años a hacer campañas contra los cristianos desde su feudo en Córdoba. Entre el año 978 y el 1001, realizó 52 campañas contra los cristianos, que tomaban a estos ejércitos como enviados del infierno. Es más, la cercanía del año 1000 hizo que muchos pensaran que estos brutales ataques formaban parte del apocalipsis, porque estas razias arrasaban con todo.
En el verano del 997, Almanzor y su ejército asoló la ciudad de Santiago de Compostela. Quemó templos y destruyó todo a su paso, eso sí, la tumba del apóstol no sufrió daños.
Según la leyenda, los prisioneros cristianos cargaron con las campanas del templo de Santiago hasta Córdoba. Pero era un viaje de ida y vuelta. Dos siglos y medio después, fueron prisioneros musulmanes los que cargaron con las campanas de vuelta a Santiago, todo ello gracias a la audacia de algunos conquistadores cristianos y al apoyo de Fernando III “El Santo”.

Esto es lo que siempre nos han contado en la escuela ¿verdad?.

En realidad, la campaña de Almanzor, que partió de Córdoba el 3 de julio del año 997, fue un prodigio de organización y en algunos aspectos recuerda a la realizada por Cesar desde Lusitania hasta Brigantium más de mil años antes. Una y otra contaron con una flota de apoyo que transportó tropas, víveres y armas por las costas occidentales de la Península.
La de Almanzor partió de Alcacer do Sal y llegó hasta Oporto, desde donde sus tropas continuaron marcha hasta el Miño, que atravesaron no sin dificultad. monasterio dedicado a los monjes san Cosme y san Damián.
No sabemos que pensarían estos últimos cuando los musulmanes arrasaron la iglesia de Santiago de Padrón, “que para los cristianos seguía en importancia al que encierra su sepulcro”.
El día 10 de agosto llegó por fin la expedición ante la “orgullosa ciudad de Santiago”, abandonada por sus habitantes y saqueada inmediatamente por los invasores, que destruyeron sus monumentos, murallas e iglesias excepto la tumba del Apóstol, en la que Almanzor puso guardias para protegerla.
El respeto último a las reliquias sagradas se impuso a la violencia, pues no se condenaba su veneración sino el mal uso que los cristianos, al parecer de los musulmanes, hacía de ellas. Incluso Ben Idhari cuenta la anécdota de que Almanzor encontró a un viejo monje sentado junto a la tumba del Apóstol, a quien respetó la vida pues entendió que su única intención al permanecer allí era honrar a Santiago.
Según el autor de la Primera Crónica General, que recoge tradiciones y leyendas anteriores dice que ya antes de que “el se partiesse de tierra de Santyague fue ferido el con toda su companna de maiamiento de Dios; et por el peccado dell atreuimiento et de las suziedades que el fazie en la eglesia de sant Yague, cayo en el una de las mas suzias enfermedades que podrie ser, et es aquella que dizen los fisicos diarria”.
En realidad, el regreso de Almanzor a Córdoba fue un auténtico éxito: por lo que sabemos, después del ataque a Santiago, se acercó hasta las costas del Océano más al Norte, para dirigirse después de vuelta pasando por tierras del Bierzo y saquear cuanto encontraba a su paso. El botín fue cuantioso y su entrada en la capital del Califato triunfal, incluso -según cronistas cristianos- obligando a los cautivos a portar a hombros hasta allí las campanas de la iglesia de Santiago.
Lo único cierto es que la campaña de Almanzor del año 997 fue un mazazo para la cristiandad peninsular, similar al que supuso dos siglos después la caída de Jerusalén en manos de Saladino para la europea. Ni antes ni después de la campaña los cristianos pudieron vivir tranquilos, hasta que “en Calatanaçor perdio Almançor el tambor”.(Manuel J. Recuero Astray).
Ciertamente hay algo de desacuerdo sobre qué se hizo con las campanas en Córdoba, y teniendo en cuenta que no solo fueron robadas las campanas de Santiago, sino todas las de las iglesias de la ruta que Almanzor iba siguiendo hasta Compostela; la cantidad de bronce sumado en total, de regreso a Córdoba debió ser muy abundante.
La Basílica compostelana que ardió, , era de estilo prerrománico de finales del siglo X, por lo tanto, hay que imaginarse un edificio modesto que contaría con una espadaña lateral no muy ostentosa, con un carrillón de unas 11 campanas mas bien pequeñas.
Las crónicas hablan que dado el tamaño de tales campanas podían ser adecuadas para servir de lámparas de aceite para iluminar la mezquita (se les dio la vuelta sobre unos trípodes y se llenaron de aceite)y con el resto de las campanas saqueadas en tierras cristianas, hicieron puertas para la mezquita. Tras la reconquista de la ciudad por parte de Fernando III El Santo, se quiso recompensar a la mitra compostelana con nuevas campanas, y se refundieron aquellas, sí, pero en esos nuevos moldes se vertió el bronce de las campanas que habían sido recicladas como lámparas y el bronce de las puertas de la mezquita y provenían de Santiago y del resto de campanarios saqueados.
La historia no acaba aqui. Las campanas actuales de la catedral de Compostela(torre sur del obradoiro)no son ni de lejos, aquellas nuevas campanas refundidas en Córdoba.
Durante la transformación barroca del siglo XVI se erigió una nueva torre en la catedral, que llaman hoy del reloj, la cual necesitaba una gran campana, y se consiguió fundiendo las nuevas que habían llegado desde Córdoba para conseguir la monumental “campana de Berenguela”, que descansa hoy sobre un pedestal en una esquina del claustro y que podemos admirar, tras ser reemplazada por una copia hecha en Holanda cuando la original se agrietó.