AMAMOS NUESTRA TIERRA PORQUE ES NUESTRA

NADIE AMA A SU TIERRA PORQUE SEA GRANDE, SINO PORQUE ES SUYA.

(I)

(Sobre todo para José Antonio Illanes)
Des de hace días quería ponerme a escribirte algo que tengo permanentemente en el pensamiento, pero entre la playa, las salidas del verano y los nietos estoy muy inactivo y descentrado.
Además contigo tengo que tener cuidado porque eres de los escritores buenos con los que cruzo mis opiniones.
Habíamos, mas o menos, acordado a partir de tu escrito sobre Catalunya, y mi respuesta al mismo que iríamos cambiando opiniones sobre todo aquello que está ocurriendo a nuestro alrededor, pero tu respuesta a mi escrito fue tan prudente, acertada y cuidadosa que todo lo que tenía pensado sobre el desarrollo de nuestros países me pareció fuera de tono.
Como ves a mi no me importa decir en voz alta, nuestros países, -separándolos- como podría decir nuestras patrias, porque creo que estaría bien dicho. ¿O no decimos cuando estamos lejos de casa, tengo ganas de volver a mi tierra?, ó ¿no existe otra como mi tierra? ó ¿En mi tierra se vive mejor? … ¿A qué tierra nos referimos? Pues al “terruño”, a nuestro hábitat, a nuestro entorno. Al lugar de donde vengan nuestros ancestros.
¿Y cuando decimos “nuestra tierra”, no queremos decir “nuestra patria”?. No es lo mismo en este sentido.
Yo creo que sí. Mi tierra y mi patria en mi opinión son inseparables. La patria (del latín patria, familia o clan, patris, tierra paterna, pater, padre) suele designar la tierra natal o adoptiva a la que un individuo se siente ligado por vínculos de diversa índole, como afectivos, culturales o históricos o lugar donde se nace.
También creo que la patria es la tierra natal de los padres de una persona, a la cual se siente ligado afectivamente sin necesariamente haber nacido en ella. –Este es mi propio caso.-
El significado suele estar unido a connotaciones políticas o ideológicas, y por ello es objeto de diversas interpretaciones así como de uso propagandístico.
Es el amor que surge hacia la tierra que nos vio nacer, la que tiene encerrada la historia de nuestros antepasados, sus luchas, sus miedos, sus conquistas, sus aciertos y sus errores. Es la herencia de nuestros padres, y justamente, eso significa siguiendo su etimología latina “terra patrum”= tierra de los padres.
Según Tomas de Aquino, “el hombre se debe en primer lugar a Dios, y luego en forma secundaria a sus padres y a la patria. El hombre se hace deudor de los demás según la excelencia y según los beneficios que de ellos ha recibido. Por ambos títulos Dios ocupa el primer lugar, por ser sumamente excelente y por ser principio primero de nuestro existir y de nuestro gobierno. Después de Dios, los padres y la patria son también principios de nuestro ser y gobierno, pues de ellos y en ella hemos nacido y nos hemos criado. Por lo tanto, después de Dios, a los padres y la patria es a quienes más debemos”.
A la Patria le dedicamos nuestro esfuerzo cotidiano, nuestros pequeños y grandes triunfos, nuestras frustraciones. A ella le entonamos himnos y le izamos su bandera, le estudiamos su historia, y le forjamos su futuro, a través de nuestras acciones y la de nuestros hijos. La Patria no existe sin patriotas, y los patriotas son aquellos que anónimamente, día tras día trabajan honradamente, estudian, son solidarios, y no discriminan al resto de las naciones de la Tierra, sino que orgullosos de la propia, respetan a las demás, y las sienten tan importantes como la de uno, para forjar la gran Patria de la Humanidad.
Otra cosa es eso que llaman nación. Etimológicamente la palabra nación deviene del latín nasci que implica la nación de nacimiento; no obstante la nación no es algo puramente biológico, aunque de ello tenga algún componente, sino una comunidad ético-social, “una comunidad humana basada en el hecho del nacimiento y el linaje, con todas las connotaciones morales de ambos términos; nacimiento a la vida de la razón y las actividades de la civilización, linaje en las tradiciones familiares, formación moral y jurídica, herencia cultural, conceptos y maneras comunes, recuerdos históricos, sufrimientos, aspiraciones, esperanzas, prejuicios y resentimientos comunes… Una nación es una comunidad de gentes que advierten como la historia las ha hecho, que valoran su pasado y que se aman a sí mismas tal cual saben o se imaginan ser, con una inevitable introversión”.
Un conjunto de individuos con unos lazos semejantes (cultura, raza, lengua…) que desean vivir en comunidad y decidir por ellos mismos (autodeterminación).
Tu eres sevillano -¿eres sevillano, verdad?, pero ¿sevillano de verdad?- de la Híspalis romana, de aquella que fundaron mucho antes posiblemente los Tartessos -¿hace cuantos miles de años?- para llegar por el rio Grande hasta Córdoba y destruida posiblemente en la lucha a muerte con Cartago. La que guarda el tesoro del Carambolo desde hace mas de dos mil años. De tu plaza de la Alfalfa donde confluían el Cardo Maximus romana desde la actual iglesia de Santa Catalina hasta la calle Abades y el Decumano mayor que transcurría de este a oeste desde la actual iglesia de San Esteban en la calle Águilas hasta la plaza del Salvador. De allí donde fueron ajusticiadas Santa Justa y Santa Rufina.
Romanizada como todos los rincones de Hispania.
De donde bebimos todos de la misma leche de la loba romana.
Sevilla, sede de una Cora y capital de un reino de taifas, hasta llegar a convertirse en la capital del Imperio Almohade en al-Ándalus.
Al-Ándalus el imperio y la cultura mas grande que haya tenido jamás el hombre. Una tierra tan grande como Roma, Constantinopla, Mileto, Alejandría… hasta la destrucción de la misma por los Reyes Católicos como colofón de la muy mal llamada “reconquista”. ¡Vaya salto!. Desde Don Pelayo a los Reyes Católicos.
Al Ándalus, una tierra, una patria, una nación que entro en la desesperación, el abandono y el hambre durante siglos después que los señores de la guerra conquistaran para sí tu tierra, destruyendo al mismo tiempo no tan solo toda su estructura social, política y religiosa –las tres religiones convivían con una relativa armonía- sino su cultura y conocimientos, su sentido de nación.
Porqué lo único que deseaban los señores de la guerra era el enriquecimiento, el incremento de sus patrimonios –que han llegado hasta nuestros días- en definitiva, el poder. ¿A ellos que mas les daba la desintegración de aquella cultura grande como pocas.?
Porque ¿qué es lo que queda de una cultura grande?. La Alhambra de Granada, los Reales Alcaceres de Sevilla, la Gran Mezquita de Córdoba, el teatro romano de Cádiz, la Alcazaba de Málaga –ya sobre ruinas fenicias- el Dolmen de Soto de Huelva –tal vez el mas grande monumento megalítico existente.- Los aljibes árabes de Jairán en Almería de mas de seis quilómetros para tener agua corriente en el siglo XI o los castillos de Santa Catalina, el Alcázar Viejo y de Abrehuí que se remontan a la época de Aníbal… imposible seguir.
¿Es esa tu tierra? Sí esa es tu tierra en mi opinión, atrevidamente condensada, pero con respeto y con admiración.
¿O tal vez sea otra tu tierra, la de otros de tus ancestros y de otras culturas?.
La de los llegados del norte, la que destruyeron y desarrollaron e implantaron una cultura en mi opinión cruel –fueron 800.000 familias las expulsadas y ¿cuantos muertos los ajusticiados por la Inquisición?- y basada en el poder de las armas y de la crueldad humana.
Para rendir Granada incluso se llegó a raptar a los dos hijos de Morayma y Boabdil con el fin de presionar la rendición.
Se incumplieron todos los tratados firmados en la entrega del reino. Incluso el de respetar la vida de todos aquellos que quisieron quedarse en sus casas en vez de marcharse de SU tierra.
Y lo hicieron finalmente aquellos que despojaron el reino de Castilla a su verdadera propietaria Juana I, falsificaron documentos para conseguir sus desposorios. Usurparon el título de Isabel I de Castilla a la reina Zaida; instauraron la Inquisición, expulsaron a judíos y moriscos (¿no eran “españoles”, después de ocho siglos?)
Sometieron en definitiva a todas las naciones (pueblos, tierras, patrias…) de Hispania en nombre de una religión, cuando en realidad se trataba de apoderarse de las riquezas y propiedades, de implantar su poder.
Dice Washington Irving en sus “Cuentos de la Alhambra”:
“…Y por cierto que no se ha dado jamás un tan completo aniquilamiento como el de la nación hispanomuslímica.
El coste de semejante brutalidad está calculado en euros constantes en 1.200.000.000 millones. ¿Increíble verdad?. Pero n tan solo se han quedado con nuestras tierras, sobre todo robaron nuestras consciencias como país, nuestros sentimientos como tierra y nuestra sensibilidad como nación.
Y que nos dejaron los “re-conquistadores” además de muerte, hambre, pobreza, dejadez, miseria, abandono, desdicha, infortunio…pues nos dejaron iglesias, conventos, cartujas, monasterios… reglas devotas, severas, puritanas, implacables, justicieras… que en cuanto a su raíz continúan dominando todavía en nuestros días.
Supongo que no, que esta no es tu tierra.

(Seguiré… si lo deseas.) Mi objetivo es demostrarte lo cerca que estamos unos de otros. Aunque supongo que ya lo intuyes.

Roger Galisteo.