Asco profundo

ASCO PROFUNDO

Siento un asco profundo por el señor Mariano Rajoy, el mismo que sentía meses atrás por el señor Zapatero, por los que había luchado tratando de respetarlos al representar ellos la más alta institución de un Estado democrático. Cobardes y mentirosos. Embrolladores, calumniadores, irrespetuosos y farsantes.

Desviando la atención de todos los españoles en temas pasajeros, mientras se nos miente o se nos entretiene sobre las acusaciones de personajes como el llamado Bárcenas con un montón de millones de euros en Suiza (está demostrado ¿no?) sin que el presidente (lo he puesto con minúsculas) lo solucione; acusaciones nada menos que por utilizar dinero NEGRO (¿obtenido donde?) para complementar, aparentemente,  unos pagos destinados a nuestros más altos representantes políticos…; mientras se incrementa el número de españoles que acuden a comer (una vez al día) a comedores sociales; mientras el paro alcanza cuotas vergonzosas; mientras los desahucios provoca que se incrementen los suicidios y tienen que ser los tribunales europeos los que nos digan que debemos cambiar la ley; mientras la sanidad tiembla en consultas, hospitales y farmacias; mientras los jubilados ven día a día el decremento en sus ingresos, y el dinero público se destina a tapar enormes agujeros financieros y bancarios sin exigir responsabilidades a los que los provocaron; mientras la educación se entretiene en si catalán sí o catalán no, …; mientras la justicia…,

Siento un asco profundo por representantes políticos como las Cospedal, Sainz de Santamaría, Aguirre, Barberá…, especie de cortesanas políticas con una capacidad ilimitada de manipular, falsear y enredar a nuestras gentes, aun sabiendo y conociendo perfectamente la verdad de la historia; la pasada y la reciente.

Especialmente por la señora Sánchez Camacho, catalana, española, que por conservar, como todos, la poltrona política, es capa de inventar, falsear y llevar el miedo y la mentira al terreno de la inmoralidad y la desvergüenza.

O a individuos e individuas como Guerra, Blanco, Camps, Fernández de la Vega, Pajín, Trinidad Jiménez…

Siento vergüenza y asco por nuestros políticos; Pujol Soley que fue capaz de insultar y despreciar profundamente a aquellos que levantaron Catalunya junto a los autóctonos de esta tierra (“La inmigración; problema y esperança de Catalunya” Editorial Nova Terra), vendiéndole a su pueblo la desvergüenza y las quejas en los  pactos, con la izquierda o con la derecha del Estado según interesaba a sus propios intereses y favoreciendo situaciones tan escandalosas como el caso Casino o el caso de la Rosa; o por Montilla, ex-presidente y Senador, inepto e incapaz de ejercer sus funciones en ambas cosas; y por nuestros actuales dirigentes, convencidos de estar en estado de gracia, ungidos por los dioses para atravesar el mar hacia la tierra prometida con solo alzar sus brazos, escondiendo las vergüenzas de los casos como el de Millet, el de las escuchas, el dinero negro (¿obtenido donde?), Pujol Ferrusola colocado en un lugar en el que su incompetencia y desmañada imagen merecen otras personas y de quien de poder demostrarlo ya estaría ante los tribunales de justicia, o de individuos prepotentes e indeseables políticamente como Puig, Puigdesens Durán Lleida…, o irresponsables social y políticamente como Carod Rovira, Puigcercós…

Chorizos chupasangre que están cobrando sueldos increíbles por una gestión imperdonable y menos que mediocre.

A los que deberíamos sumar (no a todo, claro) los miles de alcaldes, cargos intermedios, asesores, cargos de confianza en todos los departamentos, ministerios, consejos, ayuntamientos de España, gerentes de empresas vinculadas, responsables en medios de comunicación, delegados del gobierno, consejos comarcales…

Ninguno está libre de cargos y de responsabilidad política y social. Todos, absolutamente todos,  son igualmente chorizos, incompetentes, inútiles e irresponsables con nuestro pueblo. Y aunque esto no quiera decir que no deban cobrar un sueldo, si quiere decir que mientras se mantenga este status quo, son responsables de la situación; si no, que la denuncien en voz alta y clara, que cambien las leyes y se dejen de “chorradas” (sean nacionalistas o del tipo que sean), que trabajen para su pueblo, que de él cobran.

Un jubilado medio cobra entre 6.000 y 7.000 euros al año, una viuda no llega ni de lejos a los 6.000; de los casi 6.000.000 de parados un 20 o  un 30 por ciento no tienen ninguna clase de ingresos. Los jóvenes deambulan por las calles, los mejor situados intelectualmente buscan su salida en el extranjero y los pequeños y medianos empresarios se desesperan, sobre todo aquellos que estaban haciendo las cosas correcta y legalmente.

Quiero creer que existen algunos políticos con vocación y honestidad frente a sus votantes, aunque me cuesta, me cuesta mucho admitirlo, mientras no denuncien, como mínimo lo que está pasando.

Siento asco y vergüenza a la vez por unos partidos políticos incapaces de instalar la democracia en el sino de su propia organización, permitiendo las componendas, las influencias y el padrinazgo para situarse en puestos de posibilidad en las listas.

Así como de unos sindicalistas que no representan a nadie, que enarbolan banderas de caídos y encarcelados por una dictadura que todos los españoles tenemos superada (los mayores perdonada pero no olvidada y para los mas jóvenes una perfecta desconocida), que viven de la “moma” y de la falsedad. Olvidando que las primeras estafas multitudinarias como la de las viviendas de Protección Oficial de los años ochenta, fueron a través de cooperativas sindicales.

Vergüenza y asco por los medios de comunicación, partidistas y árbitros de situaciones incomprensibles, con poquísimas excepciones. Dan noticias manipuladas, utilizadas para confundir a sus lectores, radioescuchas o televidentes. Se venden descaradamente para conseguir mayores cuotas de audición, a través de tertulias y discusiones, auténticos y vergonzosos “realities shows”, sin nada que envidiar a los peores programas, sin gusto, sin educación, sin respeto, sin miramientos…

Escritores, intelectuales, artistas, que dejan mucho que desear profesionalmente, y que se atreven a opinar sobre temas que desconocen o, mucho peor, que interpretan en función del “señor” al que le deben respeto y obediencia por lo que cobran y obtienen. Sin tener en cuenta, para nada, la verdad, la justicia, la democracia o sencillamente el concepto de aquello por lo que están discutiendo o el respeto por su profesión.

 ¡Que asco!. !Que gran vergüenza¡.

 Roger Galisteo.