¿BON NADAL? ¿FELIZ NAVIDAD?

¿BON NADAL? ¿FELIZ NAVIDAD? ¿MERRY CHRISTMAS?

Ya han empezado a llegarme las primeras felicitaciones de navidad: Feliz Navidad, Bon Nadal, Merry Christmas… incluso yo me he atrevido a enviar a algunos amigos un divertido selfie musical de un papá Noel bailando. Se acercan esas ancestrales fiestas en las que se reúnen las familias –algunos de sus miembros no se han visto en todo el año- en unas fiestas que en general se trata de comer, de beber, de reír. De charlar y comentarse todo lo bueno que les ha traído este último año, olvidando tanto como podemos las situaciones menos seguras más inciertas, más evidentemente poco ignotas.
Y yo pensando en ese par de días en los que estaremos todos juntos he ido repasando este año, mi año, para hacer partícipes a los míos, de mis mejores momentos.
Pero he olvidado algo. Tal vez importante. Que estas fiestas eran, como aquellas otras que celebran los americanos en las que invitan a un indigente a comer en su casa, eran para acordarnos de los menos favorecidos e intentar hacerles llegar nuestro cariño y a poder ser algún elemento material.
Y si quieren que les diga la verdad he tenido que tomar la decisión de estar callado en las fiestas que se nos vienen encima.
¿Cómo quieren que les comenten nada? ¿Quieren que saque a relucir el tema de Alepo. Como ejemplo) De sus niños, del hambre, de sus familias rotas, irreparables, de sus hermanos muertos a su lado, de los hospitales bombardeados despiadadamente, de los días que llevan sin comer, sin beber, sin reír.
Me callaré, actuaré como el resto del mundo, con cobardía, sin saber que hacer ni que decir. Dejando que una vez más los poderosos hagan lo que quieran con todos nosotros.
Bon Nadal.