¡BOTIFLERS! ¡TRAIDORES!

“Tú no eres muy patriota, ¿verdad?”, me dijo uno de los amigos que nos reunimos cada semana a tomar el café. Me lo dijo con un aire de sorpresa e indignación a la vez, ya que no podía entender que un catalán como él, del Barça, hablando catalán, escritor, no fuera nacionalista… como diciéndome: “tú no eres buena persona”.
Y es que el nacionalismo catalán se ha convertido en la medida del bien y del mal. El epicentro y fuente de la moral. Quiere ser el juez divino que pone a su derecha los patriotas y a su izquierda los escépticos. Así, los patriotas serían los puros, los honorables los “bonshomes”, los luchadores por la patria perdida, defensores de ideales más allá de las pequeñas miserias cotidianas…en resumen: serían mejores, superiores moralmente. En cambio, los que no comulgamos con la idea de patria dibujada por el nacionalismo decimonónico, seríamos una especie de demonios sociales, quintacolumnistas a ser derrotados y extinguidos, botiflers irredentos… en resumen: inferiores, y -como diría Bibiana Aído- seres vivos pero no personas.
Por su parte, los que no tienen la suerte de ser catalanes, también disfrutan de la oportunidad de redención: así, alguien de fuera que tenga carnet del Barça, lleve barretina mental, y aprenda a decir “buenos días” en catalán, será elevado socialmente a la categoría de nuevo catalán. En cambio, aquellos que no frecuenten los sacramentos nacionalistas, continuarán siendo unos charnegos, o sudakas, o moromierda, según su origen étnico-lingüístico.
Hoy me centraré en los traidores. Hoy haremos un homenaje a aquellos catalanes, hombres y mujeres que, como yo, no comulgamos con la idea de la patria decimonónica que defienden el Tardá, María Lapiedra, el Junqueras y otros “patriotas”.

¡EN HOMENAJE A TODOS LOS TRAIDORES!

¿Botifler?: Pues es el término que se usaba en el siglo XVIII para nombrar a los catalanes que lucharon en el bando borbónico durante la Guerra de Sucesión del 1700 a 1714. Hoy en día, este término se utiliza de forma impropia y peyorativa, para señalar con el dedo a los catalanes que no compartimos la ideología nacionalista hoy imperante en Cataluña, y que tan solo somos personas que tenemos otras formas de pensar diferentes.
Ahí van unos cuantos traidores a la patria:

Josep Pla (Palafrugell, 1897 – Llofriu, 1981)
Escritor bilingüe.

El mejor prosista en lengua catalana del siglo XX, al que no le quisieron dar el “Premio de Honor de las Letras Catalanas” por botifler: porque la cultura nacional-progresista de este país niega el pan y la sal a aquellos que no son miembros de su secta. Pla era hijo de una familia de pequeños propietarios rurales del Empordà, viajó entre 1919 y 1936 por toda Europa y la URSS. Cuando estalló la guerra del 36, abandonó Cataluña -no tenía vocación de mártir- y se exilió en la zona nacional. Regresó a el Empordà en 1939, terminada la guerra, donde se instaló hasta que murió en 1981. Un vida rica y un personaje fascinante y complejo, imposible resumir en este párrafo. Últimamente, los nacionalistas se han dado cuenta de la pifia que cometieron ignorando su valía, e intentan ahora girar la tortilla. Como decía Pla: “La historia romántica [base del nacionalismo] es una historia falsa. ¿Tendremos algún día en Cataluña una auténtica y objetiva historia ?, ¿Tendremos una Historia que no contenga las burradas de las historias puramente románticas que van saliendo? “. ¡Fascinante!

Salvador Dalí i Domènech (Figueras, 1904-1989)
Pintor genial.

Dalí dejó su testamento, como heredero universal de sus bienes y obra, a España (anulando el testamento anterior que instituía co-herederos, a partes iguales, al Estado y Generalitat). A Jordi Pujol le dio un patatús: a partir de ese día, el presidente comenzó a hacer tics nerviosos, y todavía le duran. Dalí era gran amigo de Josep Pla y, como él, la “kultura Katalana” la vetó de todo homenaje y vida social. No importa. Los genios como Dalí no necesitan ningún reconocimiento de nadie.

Jaume Vicens Vives (Girona, 1910 – Lyon, 1960)
Maestro de Historiadores

Maestro de historiadores. Padre de la historiografía científica, desmontando la historiografía romántica creadora de los mitos y leyendas nacionalistas. Introdujo en nuestro mundo las corrientes historiográficas europeas. Fue criticado por colaborar con Franco, quien lo quería hacer Ministro de Cultura, pero Vicens falleció de cáncer a los cincuenta años de edad, antes del nombramiento. Su viuda fue honrada por el rey Juan Carlos I con la concesión del título de Baronesa de Perpiñán en 2010.

Pau Gasol (Barcelona, 1980)
Jugador de Baloncesto en la NBA y en la selección española

Gasol no tiene complejos y está orgulloso de ser catalán y español: “Me siento a la vez catalán y español, el uno y el otro, pero no el uno delante de el otro”. O también, el magazine francés L’Equipe: “Enfundarme la camiseta del equipo nacional es un honor. Tener la oportunidad de ganar títulos defendiendo los colores de España es un sentimiento muy especial”
También en 2008, durante los Juegos Olímpicos de Pekín: “La mayoría de los jóvenes catalanes quieren formar parte de los colores de España”. Y en la revista ELLE: “El triunfo de muchos deportistas ha puesto a este país en el mapa del mundo… mi patria es España, mi barrio, mi colegio, mi infancia”. Y el diario El Mundo: “«¿De dónde saliste tú? »”Me han preguntad muchas veces. Yo respondería: Pues de mi madre y de mi padre, de Barcelona, de España”.

Francesc de Carreras (Barcelona, 1943)
Catedrático en derecho constitucional

“La Constitución garantiza la igualdad de derechos de los ciudadanos españoles en muy diversos preceptos, especialmente en los artículos 1.1, 9.2, 14, 139 y 149.1.1o. Desde el punto de vista que nos interesa, es meridianamente claro el art. 139.1 CE: “Todos los españoles tienen los mismos derechos y obligaciones en cualquier parte del territorio del Estado”. Por tanto, al no haber discriminación alguna entre ciudadanos españoles, ningún territorio de nuestro Estado puede ser titular del derecho de libre determinación que garantiza el derecho internacional.
Por tanto, en conclusión, el “derecho a decidir”, en el sentido que se utiliza en el debate político catalán, es un término legalmente inexistente. Si lo que se quiere con este término es aludir al derecho de libre determinación (o autodeterminación) de los pueblos, reconocido en el derecho internacional, Cataluña no puede ser sujeto del mismo porque no reúne ninguno de los requisitos para ser titular del mismo. Si lo que se quiere decir es que el ordenamiento interno lo permite, sólo podría ajustarse a derecho en el sentido de que la Constitución puede ser reformada en su totalidad mediante el procedimiento previsto en el art. 168 CE que requiere, en todo caso, un referéndum en el que participen todos los ciudadanos españoles y no sólo los ciudadanos de Cataluña”.

Jaume I el Conquistador (Montpeller, 1208 – Alzira, 1276)
Rei.

Jaime I tenía una conciencia profundamente hispánica. Como titular de la Corona de Aragón estaba considerado como uno de los cinco reyes de la Españas (junto con León, Castilla, Portugal y Navarra). Fue una época de reunificación peninsular, donde se tenía siempre presente el recuerdo de la antigua unidad visigoda y romana.
El historiador Marcel Capdeferro, dejó escrito:
Jaime I, al que Rovira Virgili llama «padre de la nacionalidad catalana», tiene en su Crónica expresiones como las siguientes:
Refiriéndose a su padre, dice: «Nuestro padre el rey Pedro fue el rey más franco de cuantos hubo en España» (Crónica, 6). Hablando del noble catalán Guillem de Cervera dice que era «de los más sabios hombres de España». Se refiere a sus fuerzas militares como «la fuerza que es de las mejores de España». En otro capítulo (el 392) dice que Cataluña «es el mejor reino de España» y «la más honrada tierra de España». En repetidas ocasiones se refiere Jaime I a los «cinco reinos de España», eso es León, Castilla, Navarra, Aragón y Portugal.
Lo mismo acontece en la Crónica de Bernat Desclot. Refiriéndose a la batalla de las Navas de Tolosa narra los sucesos en los que intervinieron «los tres reyes de España, de los cuales uno de ellos fue el rey de Aragón» (Cap. IV). Narra Desclot un viaje del Conde de Barcelona a Alemania para entrevistarse con el Emperador. Se presenta diciendo: «Señor, yo soy un caballero de España». Y se presenta a la Emperatriz diciendo: «Yo soy un Conde de España al que llaman el Conde de Barcelona». El Emperador dice a su séquito: «…han venido dos caballeros de España, de la tierra de Cataluña» (Cap VIII).