¿CONOCEMOS A NUESTROS POLÍTICOS?

¿CONOCEMOS A NUESTROS POLÍTICOS?

Antoni Maria Claret i Clarà

San Antonio María Claret, conocido como Padre Claret, nació en Sallent el 23 de diciembre de 1807 y murió en la Abadía de Fontfroide el 24 de octubre de 1870. Fue un religioso catalán, arzobispo de Santiago de Cuba y confesor de Isabel II de España así como Rector del Monasterio de El Escorial en Madrid.
Nació y creció en el seno de una familia modesta de tejedores. En 1822 aprendió el oficio de tejedor trabajando en Berga. También trabajó en una fábrica textil de Igualada. Para continuar el oficio familiar, en 1825 fue a estudiar a Barcelona, donde en la escuela de la Llotja de Mar estudió diseño textil e idiomas. Mientras estaba en Barcelona, decidió abrazar la vida religiosa y en 1829 ingresó en el seminario de Vic.
Terminada la educación primaria, a los doce años, comenzó a trabajar como aprendiz en el taller textil de su padre. A los diecisiete viajó a Barcelona para estudiar el arte de la fabricación. En medio de sus estudios, trabajos y contrariedades, sintió la llamada de Dios. Le impresionaron las palabras del evangelio
“… de qué le aprovecha al hombre ganar todo el mundo si pierde la vida?”
Al principio pensó en hacerse monje cartujo, pero su director espiritual que conocía su inmensa capacidad de trabajo y su fuerte inclinación a la actividad ayudó a ver que esta no era su vocación.
A los 23 años ingresó en el Seminario de Vic y allí recibió la ordenación sacerdotal el 13 de junio de 1835, tres años antes de terminar los estudios sacerdotales. Fue luego nombrado vicerrector y pronto empezó el pueblo a reconocer el don principal que Dios le había dado: era un predicador impresionante, de una eficacia abrumadora.
A los cuatro años de trabajar en la parroquia sintió que su vocación era otra: “su espíritu era para todos” y, con el permiso de su obispo, se fue a Roma para ponerse a las órdenes de Propaganda fide e irse a misiones. Le proponen, para conseguir este fin, entrar en la Compañía de Jesús e ingresó en el Noviciado, pero un fortísimo dolor en una pierna le obligó a volver a España.
De vuelta a España su obispo lo mandó a Viladrau, pero su mismo prelado lo liberó de las tareas parroquiales el 23 de enero 1841 para que se dedicase al ministerio apostólico de la evangelización. Tenía 33 años. De todas partes le llamaban para predicar. Llegó a predicar hasta diez sermones en un mismo día. Viajaba siempre a pie y sin dinero.
En el confesionario era extraordinariamente amable y muy comprensivo con los pecadores, pero en la predicación hablaba fuertemente contra los vicios y malas costumbres. Durante 15 años predicó incansablemente por el norte de España, y las conversiones se obraban por todas partes. Se dice que a lo largo de su vida ofreció más de 10.000 sermones.
Algo parecido a lo que en aquel momento histórico hizo Juan Bosco en Italia a favor de las buenas lecturas, lo hizo Antonio Claret en España. Se dio cuenta de que una buena lectura puede hacer más bien que un sermón y se propuso emplear todo el dinero que conseguía en difundir buenos libros. Mandaba imprimir y regalaba hojas religiosas, por cientos de miles. Ayudó a fundar la “Librería Religiosa” de Barcelona y fue el que más difundió las publicaciones de esta librería. Él mismo redactó más de 90 libros y folletos sencillos para el pueblo, que tuvieron centenares de ediciones. Los regalaba allí donde llegaba. No cobraba nada por las misiones que predicaba. Vivía en la más absoluta pobreza, pero regalaba libros como si le sobraran dinero.
El 16 de julio 1849 fundó la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María.
Poco después fue nombrado Arzobispo de Santiago de Cuba, siendo consagrado el 6 de octubre de 1849.
La ciudad de La Habana llevaba 14 años sin arzobispo porque eran tiempos de persecuciones contra la Iglesia Católica. Por fin a la reina de España le pareció que el sacerdote mejor preparado para este cargo era el Padre Claret. Le escribió al Sumo Pontífice y éste lo nombró Arzobispo de La Habana. Durante siete años trabajó incansablemente en Cuba.
Allí sobresalió por su celo y por la promoción humana y cristiana de los fieles de su archidiócesis de ultramar: dos veces realizó la llamada Visita Pastoral en la diócesis, creó 53 parroquias, reformó el Seminario, consiguió aumentar las Congregaciones y fundó con la Madre París las Religiosas de María Inmaculada para la educación.
Puso en marcha escuelas gratuitas, levantar Casas de caridad con escuelas de trabajo, constituyó Cajas de Ahorro en 1854 y las implantó en las parroquias, promoviendo el empleo mediante granjas agrícolas en 1855. En las cárceles se preocupó que hubiera talleres y enseñarán oficios para la reinserción de los presos
Conocedora la reina Isabel II de las extraordinarias dotes y santidad del arzobispo de Santiago de Cuba, lo nombró su confesor el 18 marzo de 1857.
Claret alternaba sus tareas habituales de confesor, escritor y predicador en Madrid. Convirtió los viajes reales en misiones y logró transformar El Escorial, no sólo como foco de formación científica y sacerdotal, sino como una estratégica casa-misión y de Ejercicios de alcance internacional. Concibió también la idea y proyectó una catedral más digna para Madrid.
A no pocos artistas de toda España los tenía asociados en otra de sus grandes realizaciones: la “Academia de San Miguel”. Esta intensa actividad del confesor regio, absolutamente apartado de la política, atrajo las iras de las sectas, que maquinaron contra su honor y su vida, con atroces calumnias, la menor de las cuales era la de intrigante político.
En 1869 una revolución desterró a la reina y por tanto quedó también desterrado el arzobispo Claret. Él aprovechó este destierro para asistir al Concilio Vaticano I en Roma en 1870, donde pronunció un gran discurso que fue muy aplaudido y muy comentado y elogiado. En Francia fue recibido por los monjes cistercienses del monasterio de Fuente Fría, y allí, después de haber escrito por orden del superior de su comunidad, su autobiografía comenzó a sentirse enfermo y después de dos meses de enfermedad expiró el 24 de octubre de 1870.
Tenía apenas 63 años pero estaba desgastado de tanto predicar, escribir, viajar y sufrir por los demás. Su cuerpo fue enterrado en el cementerio monacal con la inscripción de Gregorio VII: “Amé la justicia y odié la iniquidad, por eso muero en el destierro, lejos de mi casa “.
Los restos de San Antonio María Claret se veneran hoy en la Iglesia de los Misioneros Claretianos en Vic.
En 1934 fue beatificado y en 1950 fue canonizado por el Papa Pío XII. A partir de este momento y ya de forma oficial “la vida, las enseñanzas y el ejemplo de este preclaro Pastor constituyen un extraordinario patrimonio espiritual, no sólo para los que se inspiran directamente en su carisma, sino también para toda la Iglesia” como reconoce el Papa:
“…Fue un alma grande, nacida para armonizar contrastes: humilde de origen y grande a los ojos de Dios. Pequeño de estatura y gigante en el espíritu. Aparentemente modesto y dotado de una autoridad moral admitida por los poderosos de la tierra. Fuerte de carácter pero de suave dulzura por la austeridad y la penitencia que se imponía. Siempre en presencia de Dios aunque de una actividad exterior prodigiosa. Calumniado y perseguido por unos y admirado por otros. ”
A sus 35 años publicó numerosos folletos y libros, como “El Camino Recto”, que sería el libro de piedad más leído del siglo XIX. Fundó con su amigo José Caixal, futuro obispo de Seo de Urgell y Antonio Palau, la “Librería religiosa”, la Cofradía del Corazón de María y escribía los Estatutos de la Hermandad del Santísimo e Inmaculado Corazón de María y Amantes de la humanidad, compuesta por sacerdotes y seglares, hombres y mujeres.
Escribió unas 96 obras propias (15 libros y 81 folletos). Entre ellas destacan: “Avisos” en toda clase de personas, “El catecismo explicado” “El colegial instruido”. Publicó otros 27 editadas, anotadas ya veces traducidas por él.
Los biógrafos del Padre Claret nunca omiten su entusiasmo y su actividad a favor de la Vida Consagrada. Por un lado, se nos aparece como un gran impulsor de esta forma de vida.
Son múltiples sus intervenciones en la fundación o re-fundación de congregaciones de vida activa, que por entonces surgían en gran número: además de los CMF, funda las Misioneras Claretianas con la Madre París en Cuba (1852). Un lugar privilegiado lo ocupan las Carmelitas de la Caridad, a las que llama “nuestras”.
El Padre Claret afirmaba que “es más fácil fundar de nuevo que reformar”. Pero no por ello renunció a la revitalización de órdenes antiguas. Hacemos referencia como botón de muestra a sus muchos trabajos para reimplantar en El Escorial los Jerónimos.
Sobre la creatividad hay que destacar sobre todo que puso en marcha formas nuevas de Vida Consagrada, en concreto, lo que hoy son los institutos seculares, que él -a falta de terminología pertinente- designaba como “religiosas en su casa”. Hoy se trata del Instituto Secular “Filiación Cordimariana”.
Verdaderamente es difícil decidir qué se sentía el Padre Claret, para nuestro particular análisis.