¡OH TIERRA MÍA!

¡OH TIERRA MÍA!

¿Recuerdo o sueño?…con el palmar de al-Rusafah, por donde el viento se desliza bajo las alas del viento.
¿Sueño?, con los senderos floridos de Mashtta, donde la arena roza la arena de la duna cobriza, en un oasis de luz pálida, desde donde brota la fuente virginal, pura.
Se aparece en la lejanía como en un espejismo, el palacio de altos muros de piedra rosada, con inclusiones de yeso de extraordinarios destellos, levantado para satisfacer el placer de los sentidos, los gustos más sutiles,
¿Sueño con sus jardines?, ahítos de las fragancias más delicadas y los colores más variados.
Sueño más y más, aquellas lejanas tierras, huyendo de la locura destructiva de los hombres, las carreras alocadas por los jardines de al-Rusafah, por caminos adornados por espesos jardines de sombras y agua, las noches al raso bajo el susurro de las palmeras, en un caída rasante hacia Dimashq, Halab, Sfax, Loja, Korduba.

Córdoba…
Córdoba fenicia. Córdoba romana, Córdoba, la omeya….
Córdoba, donde el cielo se abrasa en miles de estrellas ardientes.
Donde el alba viste las montañas de una palidez azulada o tirita bajo los jirones de la niebla, envolviendo sus callejas en un manto gris plomizo y sobrecogedor.
Donde los prados descienden suavemente hacia las murallas que dominan las aguas tranquilas y profundas del Guadalquivir, arrastrando lentamente la memoria de los hombres, llevándose hacia el mar sus risas y sus lágrimas.

Córdoba, donde la vida se estremece en el vientre de las piedras, bajo los cielos nacarados de rosa y azul celeste, a la sombra ahogada de sus plazuelas, en los recovecos de sus jardines, pura explosión de color, de fuentes destilando la canción fresca de la noche…bajo el manto de mis noches, nunca fuiste tan bella, tan hermosa, tan radiante de la grandeza de los hombres.
Sueño con Córdoba la ocre, con Córdoba la blanca, emblema de luz, paz y fraternidad.
Córdoba, donde se erigieron palacios como un desafío a las estrellas, y la bóveda de su gran templo, oasis de mármol y ónice, asciende hacia la luz como una llamada al Todopoderoso.

¡OH Tierra mía! ¡Tierra cruel, madre violenta, vientre manchado por la sangre de nuestras lágrimas, te amo como nunca! ¿Por qué estás tan lejos de mí?
Cuando llegue el momento de mi regreso a tu paraíso eterno, desde esta otra tierra intransigente, árida, crítica por su desconocimiento de la historia que tanto nos une, al fin, reunido con mis auténticos ancestros, dejaré de lado la muerte, para unirme al amor, me fundiré en tu sustancia y beberé despacio nuestra eternidad.