CUENTOS DE LA HISTORIA II.

CUENTOS DE LA HISTORIA II. Escribe Rodríguez Marín: “¿No es verdad que… sobre el ser cordobés, Miguel de Cervantes, por la ley étnica de su linaje paterno, lo fue asimismo por la levadura cordobesa que dejaron en su alma los primeros años de su vida?.” Cruz Casado ha encontrado en el Quijote expresiones características del lenguaje cordobés del siglo de Oro. En esta obra también se alude al Caño de Becinguerra y especialmente a la Posada del Potro, por entonces uno de los más famosos lugares de la picaresca andaluza. De hecho, fueron fabricantes de agujas de este lugar los que mantearon a Sancho Panza en uno de los capítulos del Quijote. También Arsenio Escolar dice: “La familia fue muy trashumante, y en aquellos años los conversos cambiaban mucho de domicilio para borrar pistas de su pasado y más fácilmente poder buscarse la vida.”
El tatarabuelo de Miguel de Cervantes se llamó Pedro Díaz de Cervantes y debió nacer en Córdoba a principios del siglo XV. El bisabuelo de nuestro gran maestro de la literatura, Rodrigo de Cervantes, fue pañero en el barrio de la Plaza del Potro y había nacido en Córdoba hacia 1435, axarquía y morería con mayoría de mudéjares, refugiados moriscos y conversos en general, que también por entonces fue el centro artesano y comercial de la ciudad; lugar donde Cervantes vivió parte de su infancia que evoca en el Quijote (I, 17).
Como en muchas familias de conversos, tuvo también algunos parientes que dedicaron sus servicios a la Inquisición en Córdoba, como más adelante tendremos ocasión de comprobar. En 1474, vivía en Córdoba Rui Fernández de Cervantes, que estuvo casado con Catalina Martínez y eran vecinos de la parroquia de San Nicolás de la Villa, padres de Rodrigo de Cervantes quien fue a su vez bisabuelo del autor del Quijote. El bachiller Rodrigo de Cervantes casó con Catalina de Cabrera, de alcurnia desconocida, lo que era tanto como decir de casta de cristianos nuevos; dado el rigor, la claridad y el interés por demostrar en aquella época la limpieza de sangre, si se era de casta cristiano vieja. El bachiller Rodrigo de Cervantes era además trapero de profesión, es decir, comerciante en paños y telas, ocupación propia en Córdoba de conversos de origen musulmán. También en los hábitos inquisitoriales el bisabuelo de Cervantes pierde los autos contra Catalina de Palma, cristiana nueva que había sido arrestada como sospechosa de herejía, según consta en el mismo documento cervantino. Juan de Cervantes, hijo de Rodrigo y abuelo de nuestro autor, contrae matrimonio con Leonor de Torreblanca, para así más abundar en las tradición heterodoxa familiar mal disimulada o imposible de ocultar.