CUENTOS DE LA HISTORIA III.

CUENTOS DE LA HISTORIA III.
Numerosas son las familias de apellido Torreblanca naturales de Córdoba durante los siglos XV XVI y XVII, pero de linaje y solar cristiano viejo conocido, sólo había una: la que tuvo por tronco en Andalucía a Fernando y Andrés de Torreblanca, los únicos de origen navarro que sirvieron a los reyes Juan II y Enrique IV siendo Fernando nombrado alcaide de Cabra. El resto de las familias de apellido Torreblanca, fueron conversos musulmanes y judíos apadrinados y apellidados por esta familia navarra, según era costumbre general entre la mayoría de los bautizados conversos, sobre todo en los señoríos.
El hecho de que el cronista e historiador local del siglo XVII, Andrés Morales Padilla, no mencione en su Historia de Córdoba a Leonor de Torreblanca, abuela de Cervantes como hija de Andrés de Torreblanca, que era el único heredero con solar y linaje, es, sin duda, una prueba más del carácter cristiano nuevo que tuvo igualmente esta rama familiar; sobre todo, si tenemos en cuenta, como ya venimos señalando, la importancia que en la época gozaron los abolengos. Otro suceso familiar a tener en cuenta fue que, ya en 1473, presenció Rodrigo Díaz de Cervantes “los sangrientos sucesos, alborotos, crímenes, saqueos e incendios del populacho contra los conversos, de los que fue la primera víctima un Torreblanca. La familia de Cervantes vivió muy ajustada a la situación general de las generaciones de conversos o cristianos nuevos, a pesar de sus múltiples intentos de camuflaje. No fue una mera suma de casualidades. Propósitos edificados durante largo tiempo para mejor encubrirse por terror a la Inquisición, se revelaron de pronto inservibles o absurdos; briznas familiares de una experiencia tan dura, constituyeron claves destacadas de la brusca aventura que supuso la vida y obra de nuestro autor. Otro estudioso, Rodolfo Gil Benumeya, insiste en el indiscutible origen converso cordobés de la familia de Miguel de Cervantes Saavedra: Encontramos documentos sobre muchos familiares de don Miguel, de la rama paterna, todos cordobeses, su abuelo, el licenciado Juan Cervantes y su padre Rodrigo de Cervantes, que a pesar del azar de sus sucesivas residencias por toda España, nunca perdió el contacto con su cuna cordobesa donde vivió de 1553 a 1563, en el barrio de la plaza del Potro.” Sobre estos aspectos genealógicos están de acuerdo hasta los biógrafos e investigadores más academicistas y oficialistas del cervantismo, ratificándolos con la actualización de su obra biográfica sobre Cervantes Jean Canavaggio (1997), Luis Astrana Marín (1996), Alberto Sánchez (1997), o Fernando Arrabal (1996), entre otros muchos, aunque una parte de sus biógrafos más recientes dan esta cuestión por algo tan totalmente asumido que ya tan siquiera la plantean.”‘ Como va a demostrar con su propia genealogía familiar el mismo Cervantes, ni para vivir ni para escribir sirve de mucho un exceso de cálculo, mas bien conviene, como sugiere Nietzsche, andar un poco desprevenidos.