CUENTOS DE LA HISTORIA IV.

CUENTOS DE LA HISTORIA IV. Rodrigo de Cervantes, padre de nuestro autor, vivía obsesionado por ocultar su origen converso, cambió en numerosas ocasiones de lugar de residencia. Como es sabido, su padre fue cirujano, lo que no significaba en aquella época nivel académico ni distinción social alguna: “pero lo de cirujano no hay que entenderlo en su sentido presente: era menos que un actual practicante, un simple encargado de amarrar huesos dislocados o rotos, de sajar granos y de dar sangrías -pero, además, en esta actividad había de competir con los barberos más baratos: un real por dos sangrías, dice a don Quijote cierto ganadero haber pagado por la curación de cierto pastorcillo suyo.”
Llega incluso a verse forzado a desempeñar oficios al servicio de la Inquisición, igual que tuvieron que hacerlo su padre y otros familiares. Su estado de ánimo vino muchas veces a tal extremo que, muerto, no podría ser el fantasma que afirman algunos investigadores era ya entonces. El propio Miguel de Cervantes ratifica ese penoso estado, así como el servicio inquisitorial de su padre con la declaración que hace en Sevilla el 10 de junio de 1593, en este caso como argumento a su favor en el pleito que sostuvo el mesonero cordobés, Tomás Gutiérrez, con la Hermandad del Santísimo Sacramento del Sagrario, afirmando “ser hijo e nieto de personas que han sido familiares del Santo Oficio de Córdoba”. Era normal que los oficios inquisitoriales fueran ocupados por conversos, ya que era la mejor forma de probar la autenticidad de la conversión; además, al avenirse a ello, disponían de un mejor conocimiento de las causas y de los encausados.
Para concluir esta búsqueda y genealogía familiar, hay un conocido pleito que tuvo el padre de Cervantes en la ciudad de Valladolid y que le costó la cárcel, por lo que de nuevo se vio obligado a trasladar su residencia para poder seguir de cerca el procedimiento judicial en sus trámites y apelaciones. Lo que trasluce que la familia de nuestro autor no tenía ganada ejecutoria de hidalguía, pues de haberla tenido le hubiera bastado a Rodrigo con exhibirla o citarla, justificando ser descendiente directo de quien la obtuvo para salir al punto de la prisión, sin más complicaciones. Otro dato más sobre esta privadísima familia de conversos, es el escaso uso que hizo su hermana Magdalena del apellido Cervantes, que solía cambiarlo por los de Pimentel o Sotomayor, y sólo en una ocasión y por comercio de paños consta que hiciera uso del apellido Cervantes
Fuente: José Manuel Molina.