CUESTA MUCHO SER POLITICAMENTE OPTIMISTA

La gente de mi generación vivimos una situación política radicalmente diferente de la actual.
Aparte del pensamiento político de cada uno, nos unía fundamentalmente, la ilusión por la libertad, por la obediencia al estado de la ley, por la confianza en el sistema democrático, por la reivindicación de las libertades, individuales y colectivas. El respeto a nuestras lenguas, a nuestras costumbres ancestrales y a nuestras formas de hacer y de pensar.
Estoy bastante preocupado porque estamos olvidando con demasiada facilidad que la actual situación de libertades costó la vida, en su sentido más amplio, a dos generaciones completas de jóvenes y adultos sacrificados por un sistema totalitario y absolutista.
Estoy bastante preocupado porque nuestros políticos no han sabido plantear con total honestidad sus ideales en clave de pensamiento político, ni de ideología social. Las han planteado en una especie de mercado de Calaf, ruin, indigno y despreciable. En general con un solo objetivo: llegar al poder.
Todo y que el objetivo principal de una ideología política sea la conquista del poder, han conseguido con sus acciones la desconfianza y el ultraje al sistema.
Estoy bastante preocupado por la demostración, en general, timorata y pobre de espíritu de nuestros representantes políticos.
Los que tenían más posibilidades de administrar y gestionar nuestros recursos no han hecho gala de ningún tipo de discurso político serio y en cambio han utilizado el “ahora te toca a ti, ahora me toca a mí”.
Nos han robado, nos han saqueado, nos han engañado, nos han timado, han defraudado…
Estoy bastante preocupado porque, en general, no los he visto limpios en las palabras, limpios en las promesas, limpios en las actitudes. No los hemos visto ni limpios ni transparentes en sus decisiones ni en sus actuaciones.
Me preocupan los amiguismos, las incitaciones a los miedos, las oscuridades irritantes, los desprecios déspotas y personalizados en las personas que mantienen posturas diferentes, culturas diferentes, formas de hacer diferentes o inquietudes diferentes. No han sido ni claros ni valientes ante su pueblo.
No se solucionan los irritantes problemas de corrupción –del tipo que sea- tal como se le aplicaría a un ciudadano de a pié. Las investigaciones no se concluyen, los juicios se eternizan, las comisiones son el hazmerreir de cualquier vecino medianamente informado, el “chiste del dentista” se está aplicando ante nuestros atónitos ojos y el convencimiento de que el cortijo es de ellos. ¿Lo es? .
Las decepciones llegan por todas partes; de los partidos, de las instituciones, de organismos públicos y privados…y sobre todo –que es lo mas decepcionante- de personajes en los que habíamos creído, admirado y confiado.
Sinceramente no soy pesimista, los que me conocen lo saben, pero no se entrever una salida.
Y me gustaría poder recuperar aquella ilusión de mi generación y transmitirla a los jóvenes de ahora. Puesto que si como dice el dicho “la vida son dos días” a mí solo me queda un cuarto de hora, para hacerlo.