EBOLA. “La ira de dios”.

EBOLA. La “ira de Dios”.

Las organizaciones sanitarias, sobre todo las residentes en la zona del nacimiento del Ebola venían avisando desde hacía años de la necesidad de que Europa y el mundo entero se tomase en serio el brote de esta terrible plaga.
Pero el Hombre no aprende. Tropieza una y otra vez con la misma piedra. Genera situaciones escondido tras su ego, grandeza, riquezas y poder, aunque para ello tenga que sacrificar a miles a millones de seres humanos.
Los medios de comunicación, rápidos, inquietantes e inútiles tienen una velocidad increíble para comunicarnos siempre lo peor y aquellos que nos presentan, aquellos que deberían haber escuchado las advertencias de las organizaciones que lo detectaron, no tan solo no nos protegen, sino que nos engañan, nos manipulan y nos toman por idiotas. No me dirán ustedes que la aparición por TV de esa señora responsable de nuestra sanidad, que su cerebro está mas relleno de mierda que de masa encefálica (solo la gana su jefe) no es para cabrearse y echarse a la calle en busca de desagravio.
Pero esto no es la primera vez que nos ocurre.
Recordemos.

En el año 1346 llegaron a Europa rumores de una terrible epidemia, supuestamente surgida en China, que a través del Asia Central se había extendido a la India, Persia, Mesopotamia, Siria, Egipto y Asia Menor. Se habla de regiones enteras estaban infectadas, de forma que hasta el Papa Clemente VI en Avignon se mostró interesado por el tema, y reuniendo los informes que iban llegando, calcularon que el número de victimas podía ascender a casi veinticuatro millones de personas.
Sin embargo, como en aquel entonces se desconocía el concepto de contagio, no hubo ninguna alarma en Europa hasta que la peste fue introducida en Italia por los barcos genoveses y venecianos que venían del mar Negro.
Hoy si se conoce el riesgo de contagio. Hoy sí se sabía el riesgo del Ebola…

Sobre la gran mortandad que provocó la terrorífica epidemia de la peste negra o muerte negra José López Jara escribe un espeluznante trabajo, que aunque nosotros hemos sintetizado al máximo no por ello deja de ser escalofriante y necesaria su lectura.
“Un tercio de la población de Europa murió por contagio de la peste negra. En aquella época equivaldría a unos veinte millones de personas. En realidad es imposible saber el número de víctimas con exactitud.
París, por ejemplo, perdió a la mitad de sus habitantes…”
En todas partes se observó que la peste negra afectaba más a los pobres que a los ricos. El cronista escocés John de Fordun afirmó llanamente que la peste «atacaba especialmente a las clases humildes y raramente a los magnates».
Este aumento de la mortandad se debía, además de la penuria de medios de subsistencia, al hacinamiento y a la completa ausencia de medidas sanitarias.
¿Y no es eso lo que desde hace años nos están enseñando las televisiones y los medios en general: miseria, hambre, cadáveres en mitad de la calle, roña, inmundicia, excrementos… sin que movamos un dedo?.

Entre los médicos y personal de sanidad la mortalidad fue naturalmente más alta.
Los campesinos caían muertos en los campos, en los caminos o en sus casas, y los que sobrevivían se hallaban presos de una apatía total, dejando el trigo maduro sin segar y el ganado desatendido.
Esto atacó seriamente la economía del siglo, que dependía de la cosecha de cada año para comer y para hacer la siembra del año siguiente. La disminución alarmante de la mano de obra bien pronto se hizo patente y acarrearía graves problemas ya que «los hombres y las mujeres deambulaban como si estuviesen locos y dejaban que su ganado se perdiese porque ya nadie quería preocuparse por el futuro».
El misterio del contagio era el más temible de los terrores.
La gente se dio cuenta rápidamente de que la enfermedad se propagaba por el contacto con los enfermos, con sus ropas o sus cadáveres y también con sus casas. ¿Cómo? y ¿por qué? eran las preguntas claves que nadie acertaba a responder, sólo podía haber una explicación: la ira de Dios.
Lástima que no haya salido el “iluminado” achacando el problema a “la ira de Dios”. Es igual ya le han echado la culpa a la enfermera infectada.
En la mayoría de las ciudades se ordenaron estrictas medidas de cuarentena para evitar el contagio. Se prohibió que ninguno de sus ciudadanos que estuviese de viaje en las ciudades afectadas volviese a casa. Se llegó a ordenar que las casas en las que apareció la peste fueran tapiadas con sus ocupantes dentro, quedando sanos, enfermos y muertos encerrados en una misma tumba común.
Nosotros también en eso somos distintos. Ya que el Ebola no llegaba a Europa lo hemos ido a buscar nosotros.

Es una gran verdad en la Historia, que las desgracias nunca vienen solas. Bien pronto la hostilidad del hombre presionado por la peste se volvió contra los judíos.
Los primeros linchamientos comenzaron en la primavera de 1348, justo después de las primeras muertes producidas por la peste. De manera que con la Peste Negra, los judíos fueron de nuevo la cabeza de turco. Se llegó a propagar en todas partes que existía una conspiración judía internacional con base en Toledo, de donde partían emisarios que llevaban el veneno escondido en pequeñas bolsas, así como instrucciones rabínicas sobre la forma de envenenar pozos y manantiales.
¿Contra quien nos volveremos nosotros?. Porque lo haremos tarde o temprano. ¿No creen?.

¿Cuál fue la condición humana después de la peste negra?.
Muchos aventureros se aprovecharon de la situación de pánico para ganar inmensas fortunas. El comportamiento de las personas se volvió más despiadado y cruel, como ocurre a menudo tras un período de violencia y sufrimiento. El fraude y la extorsión, se convirtió en un escándalo generalizado. La peste negra en sí fue una maldición para el siglo, que bajo la forma de su bacilo almacenado en los transmisores -ratas y pulgas- surgió seis veces más en los siguientes sesenta años. Cuando, debido a la disminución en la población activa, disminuyó también la producción, los bienes y alimentos de todo tipo comenzaron a escasear y los precios se dispararon.
Es cuestión de esperar. Si por desgracia la epidemia se extiende, los aventureros aparecerán, nos volveremos crueles con nuestros propios vecinos. El fraude (aquí en España) se estabilizará, porque no habrá fondos para hacerlo.

Los conflictos laborales habían comenzado y los viejos lazos de unión medievales entre señor y campesino, noble y artesano, se dejaron de lado y se fueron repitiendo las luchas a lo largo de lo que quedaba del malhadado siglo XIV, casi hasta nuestros días.
Las universidades también sufrieron el peso de la epidemia y «una ignorancia universal se había apoderado de la humanidad.»
La peste negra sólo dejó, muerte, miedo, tensión y tristeza. Aceleró la conmutación de los servicios laborales en las tierras y profundizó el antagonismo entre ricos y pobres.
Aumentó la hostilidad humana. Y el abuso de los poderosos durante toda el medioevo hasta nuestros días. Como siempre.
(¡“Que Dios nos coja confesaos¡”)