EL ÁGORA DE MIS SUEÑOS.

EL ÁGORA DE MIS SUEÑOS.

La vida nos depara muchas veces sorpresas que no esperábamos. A veces son buenas, la mayoría no tan buenas y unas cuantas que no sabes si son buenas, malas, regulares o universales (según Maimonides).
Digo lo de universales porque en mi atormentada mente se me incorporan sobresaltos sobre cuestiones y personajes que tenía por superados (los hechos) y por asumidos (los personajes).
Cuando digo asumidos me refiero a que han entrado en las razones de mi propia existencia, han conseguido irrumpir con benevolencia en mi conciencia y han conquistado parte de mi corazón con sus argumentos, instalándose en mi bondadosa cordura hasta tanto no me han dado la sorpresa.
En definitiva, ¿a qué y a quien me refiero?.
Durante mi vida, que está siendo longeva, había soñado con vivir en un país en el que imperara la libertad (no crean que me engaña eso de la libertad, de ser libres, sé que no lo hemos sido nunca y posiblemente la raza humana, en su historia, no lo será nunca) con libre albedrío, con auténtica democracia (siento desazón al soñar con una presunta ágora).
Esta pasada noche he soñado con ella.
Posiblemente toda mi generación soñó con la llegada de un gobierno libre, escogido entre todos, lejos de la tiranía, el abuso y la intolerancia.
Y a cambio de aquel merecido sueño ¿que nos ha concedido la vida?: un montón de inútiles personajes a los que votamos como auténticos imbéciles una vez y otra, mientras se ríen e insultan de nuestra escasa inteligencia; escasa, irrisoria, diminuta y enana.
¿Y todavía estamos discutiendo si a este o al otro?.
Siento una profunda congoja, una insondable y oscura tortura al ser testimonio de una situación que está consiguiendo hacer desaparecer (otra vez) un par de generaciones en aquello que decíamos al empezar: sobre todo en lo universal.
En mi años jóvenes –por lo menos- corrimos por la Diagonal delante de la caballería rusticana vestida de color gris; con mucho miedo, con desasosiego, con ansiedad… pero corrimos y tiramos chinas para parar aquellos caballos que se nos aparecían como monstruos resoplando en nuestros cogotes… Ya sé que no conseguimos nada histórico y tal vez nada que cambiara nada, pero corrimos porque creíamos que tocaba enfrentarse a una situación que aborrecíamos, que nos condenaba como generación.
¿Y ahora porqué no corremos?.
Pues posiblemente la respuesta es que tendríamos que correr, pero al revés, es decir “Diagonal amunt”.
En vez de para alcanzar una meta, para huir de ella.
Justo antes de que me intervinieran quirurgicamente me decían al comentar la “acertada” aparición de un nuevo (y viejo, muy viejo) escándalo poco antes de la elecciones de septiembre: “¿Pero tu también te crees que han sido los del PP?. No hombre no, han sido ellos mismos que es a los únicos que beneficia.” (¿…?) ¿Ellos mismos?.
Bueno, no sé, quienes son sus protagonistas, sé que me han vuelto a sorprender dolorosamente, aquellos en los que había vuelto a creer, en los que había confiado nuevamente, han vuelto a convertirse en lo que siempre han sido: manipuladores, malversadores, tramposos, ladrones y embaucadores, y no me queda ni el recurso de desaprobar, de oponerme, de gruñir, incluso de repudiar, en el ágora de mis sueños, tendido como estaba en la camilla del quirófano donde me van a revolver, bisturí en mano, mi intratable, indolente e indómito cerebro.
Al despertar, dolorido y maltratado, apaleado por una sesión de seis horas del éxito de esta cátedra teatral, ya poco apetecida, mi primer deseo ha sido volver a bramar, por encima del dolor, con mi pluma y gritar, por encima del dolor, que no es esta el ágora que yo soñaba.