EL CORAZON ENTRE CASTILLA Y CATALUNYA.

EL CORAZON ENTRE CASTILLA Y CATALUNYA.

Existe una gran duda en mi vida (lo he aprendido en Catalunya) que dice: “Las raíces de un hombre, están donde está su corazón”
Espero que este principio no me lo discutan también.
Yo soy catalán, nacido en Córdoba…pero no sé donde tengo el corazón.
¿Está partido.? Para los de aquí, está allí, y para los de allí, está aquí.
Todos me preguntan constantemente el porqué escribí “Entre Castilla y Catalunya”
¡Y yo que sé¡
En estos últimos años, la sociedad española se ha propuesto pelearse, fundamentalmente entre el territorio catalán y el resto de la península.
Y aunque no sea nada nuevo, a mí, personalmente, me está afectando y mucho. Posiblemente porque tengo el corazón partido. O tal vez porqué no entiendo ese principio territorial de ámbito mundial. Ese de la fronteras. Ese de las banderas. Ese de la patrias.
Lo peor de este enfrentamiento, que ya está llegando a los niveles más sencillos de nuestra sociedad, es que está siendo provocada por dos fenómenos que al final se unen entre ellos: se afirman hechos históricos o cuestiones de personajes históricos de forma manipulada y egocéntrica, pero que se sostienen con una contundencia y una intolerancia muy peligrosas, que calan en las capas menos eruditas con gran facilidad, de uno y otro lado de la discusión.
El primer fenómeno que yo he detectado lo provocan algunos políticos con una escasez de miras que produce desasosiego. Según el territorio que pisan y según el tipo de personas que los escuchan, lo que es negro es gris o lo que es gris es negro.
Existe otro grupo de aborígenes todavía mas salvajes e indeseables. Son los nuevos historiadores, los nuevos imperialistas de la mayoría de los medios de comunicación que lo único que les importa son los índices de audiencia y no el conocimiento, la investigación, o el diálogo, o el entendimiento. Se trata de enfrentarse sin escucharse, sin saber lo que se dice, sin respeto, ni por el tertuliano, ni por el oyente; sin respeto por nuestra historia conjunta, sin el mas mínimo recato por el desconocimiento de la historia en particular de cada uno. Sin respeto por la forma de expresarnos. Sin respeto por cada uso y costumbre…
Existe un segundo problema: en ambos casos (políticos y medios): ostentan la falta, en general, de conocimientos de nuestra historia, tanto en unos como en otros. Por separado o conjuntamente. Se toman personajes o hechos y se adaptan a las necesidades de su peroratas o argumentaciones que sirvan exclusivamente para enfrentarnos, unos por un motivo (poltrona) y otros por otros (índices de audiencia). La convergencia entre ambos solo la sé ver en la íntima ambición de poseer poder que conlleva la posibilidad de atesorar dinero.
Por eso seguramente ese libro mío, “Entre Castilla y Catalunya”, en su intento de la necesaria imparcialidad, y que fue escrito con el deseo de hacernos ver que quiere decir respeto por cada una de las pares, acaba dirigiéndose únicamente a historiadores o investigadores honestos, y poco partidistas (porque los hay fanáticos en extremos imperdonables) donde tan solo comprobarán la originalidad de descomponer reino por reino, condado por condado, puesto que ellos conocen la verdad mucho mejor que yo, desde el inicio de la mal llamada “Reconquista”, (puesto que los reinos cristianos se constituyeron con posterioridad a la invasión islámica; se trata sin duda de un planteamiento de legitimación política y por supuesto patrimonial) hasta la formación de lo que hoy llamamos España.
Decía Antoni Pladevall i Font (sacerdote, historiador, filósofo y escritor) un personaje conocido y querido, en la presentación del libro: “Es un trabajo bien escrito, coherente y bien estructurado” y “Ojalá vaya a parar a manos de quienes no nos ven con otros ojos que los del separatismo”.
Pero si pensamos en “aficionados” (ojalá en aquellos dos colectivos que te he comentado antes; pero eso creo que es una lucha perdida) y en gentes que quiera conocer nuestra andadura, juntos y separados, llena de guerras, violencia, errores, arreglos y componendas, entonces estamos centrándonos en el principio de mi trabajo. Eso es lo que yo buscaba. Conocer “el todo” de cada uno, con cierto detalle, para intentar colocar mi corazón donde debía estar.
Ya sé que no he dicho nada nuevo, nada esperado ni para unos ni para otros, ya lo sé… pero cuanto mas escribo mas tengo la sensación de estar luchando contra algo que ya está, como siempre, perdido de antemano:
La cultura antes que la discusión.