EL DERECHO DE PERNADA

EL DERECHO DE PERNADA

Hace pocos días José Antonio Illanes contestaba a mi escrito “Ni a favor ni en Contra”, con una palabras tremendas, espantosas, acertadas.
“… todo gira en torno al dinero. Es la madre de todas las cadenas. Los que lo tienen, mandan. Nadie es ya soberano, salvo los… (vergonzosa y desmedidamente) … ricos. Ni países ni personas ni Gobiernos ni periódicos ni televisiones, nadie, nadie tiene ya soberanía. Nadie es libre. El dinero manda…”

A aquellos que como yo (siempre repito lo mismo) provenimos del lóbrego y oscuro mundo de los malditos nos impresiona que haya gente que, como yo, pensemos en los demás. Su afirmación denota eso, además de un cierto desaliento, como el mío.
Y él, al igual que yo (con una capacidad que yo no poseo) no dejamos de lloriquear, de gruñir y de maldecir a todos aquellos que nos han colocado, contra nuestra más explícita rebeldía, a esa eterna atadura, en lo mas profundo del hábitat humano.
Y por más atrás que me remonte, en la investigación de la historia de los seres humanos, no hay forma de encontrar un solo día en el que no haya sido exactamente como nos dice José Antonio.
Querellas, guerras, conflictos, alzamientos, motines, revoluciones… en las que hemos dejado miles… millones de muertos…siempre de los nuestros, siempre de los que vivimos en aquellos profundos rincones que los de arriba nos han dejado para resguardarnos, (solo el tiempo suficiente para procrearnos y seguir siendo esclavos), del frío, del hambre y del ansia de libertad.
Tan profundos y tan pequeños que no nos podemos mover para alcanzar la cumbre y acabar con ellos, porque si lo intentamos caemos todavía más en ese tenebroso y desconocido abismo. Por eso nos quedamos inmóviles en el chamizo que nos han depositado. Por eso vivimos acobardados desde hace siglos. Por eso nos dejamos humillar aunque sepamos que es mentira lo que nos están afirmando, aunque solo intuyamos que es un fraude.
Y aquí me callo y regreso al principio de mi artículo, que por supuesto está totalmente ligado a este interminable prólogo en el que os he metido. Se trata de un trabajo relacionado con lo que he escrito líneas atrás. Una brutal lección de hasta donde es y ha sido capaz el poder de abusar, de someternos y de mentirnos. Y como yo siempre me meto en política ahí os dejo esta intriga.
Existe un librito viejo, con un estudio serio sobre un tema que para mucha gente es historia-ficción. El título, “Del derecho del señor en la antigua Cataluña”, se refiere «al inmoral é inverosímil derecho, cuyo nombre sirve de epígrafe a este artículo», explica el autor, reticente a llamar por su nombre al ius primae noctis o “derecho de pernada”.
Artur Mas ha dicho al cierre de su campaña electoral: «No som vassalls de l’Estat espanyol».
(¡Que ilusión¡ Ya somos vasallos aquí. Mejor no serlo dos veces)
Quiero recordarle al presidente Mas esta terrible historia en la que se demuestra que si existieron catalanes, que en lo antiguo sí fueron vasallos, pero de otros catalanes, como auténticos siervos de la gleba, sin derecho a dejar el mas o “manso” sin consentimiento y pago al señor feudal. Los vasallos de remensa, sujetos por “derecho” a malos tratos y malos usos, que generaron una guerra sangrienta.
¿Y que entendemos por derecho de pernada?
Según el DRAE define como “derecho de pernada” el «derecho que se ha atribuido al señor feudal, por el que este yacía con la esposa del vasallo recién casada».
Otros textos, sin embargo, son más atrevidos. Sin ir más lejos, dos de ellos tan autorizados como el “Proyecto de Concordia” del 1462 y la “Sentencia Arbitral de Guadalupe” del 1486, que supuso la abolición de los malos usos por Fernando el Católico (Ja):

«Item, pretenen alguns Senyors, que com lo pages pren muller, lo senyor ha de dormir la primera nit ab ella, e en senyal de senyoria, lo vespre que lo pages deu fer noces esser la muller colgada, ve lo senyor e munte en lo lit pessant de sobre la dita dona… »
(Proyecto de Concordia, cap. 8)

«Item, sententiam, arbitram, e declaram, que los dits Senyors no pugan pendre per didas pera sos fills, o altres qualsevol creaturas, las mullers dels dits pagesos de remensa, ab paga ne sens paga, menys de luz voluntat; ni tampoc pugan la primera nit que los pages pren muller dormir ab ella, o en senyal de senyoria, la nit de bodas, apres que la muller sera colgada en lo llit passar sobre aquel sobre la dita muller… »
(Sentencia Arbitral, cap. 9)

Dichos textos, que sin duda alguna sabían de qué hablaban, sugieren un ejercicio viril señorial más expresivo, subiendo el derecho habiente con toda su humanidad al tálamo nupcial, pasando sobre el cuerpo de la mujer sin mancharla, para apearse por el mismo, o mejor por el lado opuesto. En parte depende de que leamos passar y passant, o pessar y pessant, respectivamente. Eso aparte, aquí la pernada sería el fugaz contacto de las piernas masculinas con las del otro sexo. Y lo confirma el catalán cuando dice dret de cuixa, como en francés, droit de cuissage: en castellano, “muslada”.
Es sin duda alguna una etimología sugerente, aunque estoy más con los que entienden “pernada” como apócope de “pernoctada”, de modo que el derecho de pernada sería mera traducción del latín ius pernoctationis, sinónimo de ius primae noctis.

¿Podría ser cierta el “Derecho de Pernada” en nuestra antigua patria?
Pues si en la Cataluña de hoy tienen carta de naturaleza las «corrupciones irregulares» (en fórmula pintoresca de doña Alicia Sánchez Camacho para referirse a casos como el Palau de la Música de Barcelona, o las cuentas del Presidente Pujol…), no hay razón para poner en duda que aquí, en nuestra casa, y en la Edad Oscura la posibilidad de derechos torcidos y de usos abusivos fuese un hecho real.
De hecho nadie niega la realidad de los “malos usos’” de los poderosos en Catalunya (eufemismo para referirse a abusos y atropellos del fuerte contra el débil), legitimados por el derecho consuetudinario, que hicieron del sistema feudal en la Catalunya profunda, el más brutal y atrasado de la Península, y al nivel de lo más bajo que pudo conocerse en el universo de los cristianos.
Fue una violencia constitucional que generó intimidación, beligerancias y disturbios.
Y no deja de ser desagradable, para la historia de Catalunya, que aquellos abusos, reconocidos como tales, no se suprimieron sin más, sino que se sustituyeron por multas o compensaciones pecuniarias al agresor injusto.
Es decir, el pagés debía ir pagando a su señor por el hecho de no infligirle éste toda una larga serie de vejámenes y humillaciones.
Después de todo, hablamos de vasallos de remensa, que si querían cierta libertad de movimiento tenían que obtenerla pagando: intestia, exorquia, cugucia, arcia, firma de spoli y remensa o redimencia (¿redención?) personal, sin contar otras prerrogativas y gajes señoriales bastante comunes en la época (molinos, hornos, yugadas etc.)
Fue en la Cataluña Vieja, al norte del Llobregat, donde la institucionalización se cristalizó con toda su crudeza, sin olvidar que el Jus maletractandi se había consagrado en las Cortes de Cervera, ya en 1202.
Como se ve, el derecho de pernada no entra en lista, y aun podemos añadir que ninguna lista oficial de malos usos lo incluye de forma explícita, hasta los textos citados del siglo XV, en relación con la extinción de los mismos. La reticencia ha sido tal, durante siglos, que muchos autores, han puesto en duda e incluso han negado que tamaña vergüenza se haya dado en el país con carácter institucional, salvo casos anecdóticos, como en cualquier parte de España y del mundo antiguo o moderno.
Sin embargo, tratándose de un debate jurídico, bien estará decirnos a nosotros mismos: audiatur et altera pars.
Y aquí es donde viene el librito citado en el encabezamiento, de Francisco Cárdenas, doblemente académico, de la Historia y de la de Ciencias Morales y Políticas, autor de Estudios Jurídicos, donde reimprime su estudio, “Del Derecho del Señor en la Antigua Cataluña’” publicado ya antes en 1874. El “derecho del señor”, en silencio pudoroso, era por antonomasia nuestro derecho de pernada.
Frente a autores que lo negaron, Cárdenas está persuadido de que fue algo más que un abuso ocasional. No es mi intención meterme en una discusión espinosa y muy resbaladiza, pero confieso que el catedrático Francisco Cárdenas me confirma, en una primera impresión, que es un trabajo documentado y a la vez desapasionado, y muy digno de tenerse en cuenta.
Comienza explicando la naturaleza del vasallaje de remensa, y cómo la torpeza de la reina Gobernadora doña María, mujer de Alfonso IV de Aragón, dio ocasión a una larga guerra entre señores y vasallos (1462-1472, 1484-1486), entremezclada con el alzamiento de Catalunya contra el rey Juan II, estimulada por su hijo don Carlos, el Príncipe de Viana.
Tampoco voy a resumir un texto que hoy es asequible en la red, en espléndida edición digital. A ella remito a quienes interese o duden sobre el tema.
Sin embargo si deseo destacar un par de textos muy expresivos.
Fijémonos en el de 1486, que no sólo describe el derecho de pernada, sino que añade otro mal uso, sobre obligar el señor a las payesas a servirles de amas de cría.
Esto a primera vista puede parecer menos bárbaro que la pernada, incluso en su acepción literal.
Pero bien mirado, la situación moral era mucho más comprometida para la mujer, con el marido ausente en la faena, y ella virtualmente en poder del amo, con el preservativo de la lactancia para no cargarle de bastardos.
Para terminar, es sabido que el golpe definitivo a los malos usos lo dio Fernando el Católico (ja) con su Sentencia Arbitral de 1486. Pero dado que la política de este rey había sido vacilante en un principio, dado también su lujuriosa apetencia por el sexo por el que murió, incluso, en un exceso desenfrenado por injerir estimulantes y que constituido en árbitro eligió el Monasterio de Guadalupe para firmar el fallo por lo que no me parece gratuito ver la influencia de Isabel, mucho más exigente, diabólica, intrigante y rencorosa en un posible enfrentamiento entre ambos.
Y eso que tampoco entonces los catalanes eran vasallos de Castilla, que nos ha recordado el Molt Inefable presidente Mas.
¿Recuerdan ustedes la película “Por un millón de dólares” del guaperas Robert Redford y la atractiva Demi Moore?
Pues eso.