EL DIALOGO, LA BASE DEL FUTURO ACERCAMIENTO.

EL DIALOGO, LA BASE DEL FUTURO ACERCAMIENTO.

Existen nombres de ciertos emplazamientos que nos remontan a ciudades milenarias, a épicas leyendas o a epopeyas mitológicas. Pronunciar Mesopotamia o Egipto evoca, ineludiblemente, lugares y personajes que han quedado grabados en la mente y en el corazón de forma indeleble: Ur, Uruk, Nínive, Babilonia, Menfis, Tebas, Hammurabi, Nabucodonosor, Tutankamón, Holofernes, Ramsés o Asurbanipal. Mesopotamia fue la cuna en la que se gestó el Poema de Gilgamesh1y el lugar de nacimiento de Harún al-Rashid, califa de Bagdad, y de Simbad, personajes centrales de algunos de los cuentos de Las mil y una noches, mientras Egipto supondrá una de las civilizaciones de mayor influencia en todo el mundo posterior conocido y región que albergó a la mayor biblioteca del mundo.
Pero el desconocimiento, cuando no la distancia, no solo geográfica, sino aquella peor que impone la desafección, lleva a buena parte de la población occidental a identificar al Medio Oriente con los acontecimientos más recientes que proceden de la dictadura de Sadam Husein y los posteriores incidentes desencadenados tras la ocupación del país por parte de la coalición multinacional o con los actuales y sangrientos sucesos que estamos viviendo día tras día (por solo citar dos ejemplos), y con ello equiparar mental o espiritualmente a esta región con arquetipos asociados a violencia, agresión o extremismo.
¿Cómo es posible que países considerados cuna de la civilización, lugar de nacimiento de la escritura y patria de textos tan sobresalientes como el Enúma, Elish, el Código de Hammurabi o el Libro de los Muertos puedan quedar reducidos al estereotipo que ofrecen las más interesadas informaciones de los mass media?. Sin duda, la ignorancia habilita a los pueblos para generar convencionalismos y recelos que devienen en tabúes y prejuicios. El miedo que supone el sentido de la otredad lleva a las civilizaciones a levantar murallas y a establecer prevenciones. La percepción de los rasgos de identidad como signos de supremacía conllevan al nacimiento de mecanismos de defensa que devienen en sistemas de exclusión ante el miedo que significa lo extraño y que representa el peligro del otro, por ajeno (representante de lo que no es homologable a lo conocido), ante el sistema de valores establecidos. Decía Mircea Eliade que “… el primero es el Mundo -es decir, “nuestro mundo”-, el Cosmos. El segundo es otro mundo, uno extraño, caótico, poblado de larvas, de demonios, de extranjeros…Por ello, ofrecer una oportunidad para descubrir la otredad, ese lugar donde habita el otro, proponer el diálogo como método para resolver esa fuente de angustia, es el puente sobre el que resolver el extenso problema que ha venido separando a las sociedades orientales y occidentales, en los terrenos religiosos, culturales y sociales. En el caso que nos ocupa, la propuesta de dialogo de Octavio Paz en su reciente ejercicio, suponen no solo la presentación de una obra antológica de algunos poetas árabes (sirios, egipcios e iraquíes) contemporáneos, sino algo que trasciende mucho más allá de la propia literatura. Esta antología aporta lo fundamental en el necesario reconocimiento de ambas otredades: una oportunidad para el mutuo conocimiento, que es, sin duda, la base para el futuro acercamiento.