EL NIÑO Y EL PAJARO.

EL NIÑO Y EL PAJARO.

Estábamos en la ciudad de Alcudia.
Alcudia creció, al igual que Palma o Barcelona, junto al mar y este es un fenómeno nada corriente en las costas mediterráneas, debido fundamentalmente a que fueron ciudades que crecieron y se desarrollaron sobre la base de la formación de murallas fortaleza.
Fue el último viaje que realicé con mi amigo Joan Rutllàn, aquel gran pintor mallorquín que amaba como nadie sus aguas y sus costas, que reflejaba como nadie el azul intenso de la Mediterránea, que pintaba como nadie el sol reflejado sobre las aguas del Nuestro Mar.Estábamos perfectamente instalados en el Puerto de Alcudiamar, y habíamos decidido adentrarnos en el Parque Natural de S’Albufera, que al igual que el de l’Empordà, en las tierras gerundenses, alberga una excepcional riqueza ornitológica junto a la extensa llanura cubierta por un fino manto de matojos y monte bajo, que llega hasta la misma playa.
Mas de ciento noventa especies de aves habitan entre sus lagunas. Es como un impresionante festival de música y danza, formado por grandes elencos de aves, de todos los colores y tamaños, que puedes observar en todo su inmensidad solo sentándote a observar con paciencia y con respeto.
Nosotros, con Joan de la mano, pudimos disponer de la compañía de una simpatiquísima guía que al vernos ávidos de historias no dejó de reírse con cada nuevo relato que surgía de sus labios.
Y mientras estábamos allí sentados, los tres, observando pacientemente el cantar de una hermosa ave, surgió de los labios de la muchacha el mas hermoso cuento de todos los que habíamos escuchado jamás.
Nos llegó como en un susurro, con el ánimo de no dejar de disfrutar al mismo tiempo, del irrepetible recital volático-musical y del encanto de la leyenda que nos relató.

“Hace mucho, mucho tiempo, cuando los primeros navegantes llegaron hasta esta hermosa bahía, el mar los llevó directamente hasta las lagunas. Entonces no tenían que preocuparse por las defensas y decidieron instalar su campamento en medio de las aguas de las marismas para protegerse de los posibles y desconocidos animales de la isla. Mientras las mujeres recogían ramas y los hombres amasaban barro con que construir sus chozas, el pequeño Nitx, hijo de Nom y Tixa, se adentró en las marismas en busca de huevos e insectos para comer.
Al mismo tiempo admiraba e intentaba conocer aquel nuevo y sólido hábitat que le ofrecía la madre naturaleza, después de semanas de navegación. En esto estaba cuando llegó hasta sus oídos el canto extraordinario y hermoso que él jamás había escuchado.
Se detuvo, extasiado, para escuchar la hermosa canción.
Interesado se dirigió hacia donde le parecía que llegaba la canción y después de una larga búsqueda encontró posado sobre la frágil rama de una……, un pájaro diferente a todos los que había visto hasta entonces.
El niño se dirigió al pájaro diciéndole: “Cantas tan bien, que jamás me cansaría de oírte”.
Y el pájaro, complacido, echó a volar y se posó sobre la cabeza del muchachito.
Regresó muy contento hasta el poblado y casi gritando le dijo a su padre:
-Padre, padre, mira lo que he encontrado entre las marismas-.
-Es verdad -le contestó el padre- es muy bonito.
Y el pájaro entonó una canción tan bonita que tampoco Nom había escuchado en su vida.
-Es preciosa, Nitx, felicita a tu pájaro por su preciosa voz.
-Así pues padre -dijo el chaval- se merece que lo recompensemos por su hermosa canción.
Nom miró a su hijo largamente y aunque la idea de dar comida al pájaro no le gustó demasiado puesto que llevaban muchos días sin almacenar ningún tipo de alimento, le dijo:
-Está bien, dale algo de comer..
Le dio comida y lo dejó marchar.
Otro día que el niño se adentró nuevamente en las marismas, volvió a escuchar el encantador trino del pájaro y después de oírlo y localizarlo, se reprodujo la misma situación de la vez anterior.
Una y otra vez, el niño y el pájaro se encontraban y mientras el ave cantaba sobre su cabeza, Nitx pedía comida para aquella hermosa y cantarina criatura.
Un día en el que Nom estaba cansado después del trabajo, el pequeño Nitx y el pájaro volvieron a pedirle comida, y en un despreciable arrebato Nom les dijo:
-Dejadme en paz de una vez, estoy cansado de trabajar y de vosotros. Largaos y no me molestéis mas.
Nitx salió corriendo hacia el interior de las marismas, mientras el pájaro se posaba sobre la cabeza de
Nom, mientras entonaba la mas hermosa canción que había trinado jamás.
Nom lo agarró entre sus manos y lo mató. Y mató la canción. Y al mismo tiempo, sin él saberlo se mató así mismo.”