EL PREFERIDO DE DIOS

EL PREFERIDO DE DIOS

Hace unos días José Antonio Illanes me envió a petición mía, tres capítulos de su libro “El preferido de Dios”, un puente histórico, tal como él dice, entre la Andalucía ocupada por las tropas napoleónicas y la que mantuvo en jaque al imperio de los Omeya, un puente sustentado en los pilares de la aventura, el misterio, el amor, la deserción, la lealtad, el rencor, la traición, la venganza, los sueños y las ambiciones; es una novela donde los vivos perfiles humanos colorean el lienzo de una trama a caballo de dos épocas y de dos estilos narrativos separados por mil años de historia, justo cuando se cumple el bicentenario de la Guerra de la Independencia.
Lo que releí es francamente muy bueno.
Por lo menos es muy bueno para mí, puesto que plantea una época histórica de la que personalmente estoy fascinado, seducido.
Y lo estoy porqué ésta sí que es la auténtica Historia de mi pueblo.
Reconozco que a partir de la conquista de los Reyes Católicos no tengo una especial disposición en conocer lo que ocurrió, a pesar de haberlo leído y estudiado, pero ni mucho menos investigado.
Mi pueblo fue desamparado, desatendido, humillado, después de ser una de los más grandes en la historia de la humanidad, los que la conquistaron la abandonaron, la hambruna, la extrema pobreza, la indigencia generalizada, las matanzas, asesinatos y expulsiones y liquidaciones de mis ancestros provocada y estimulada por los conquistadores que se sumergieron en festejos, corridas, falsos enjuiciamientos y demostraciones de riqueza y de poder. A partir del siglo XV mi intereses por Castilla (¿España? ¿Qué España?) desparece completamente y así continúa.
José Antonio Illanes sí que tiende ese puente y además lo relata magistralmente en primera persona, utilizando actores de aquel entonces, denominando a los personajes con nombres atinados y divertidos que nos ayudan a situarnos todavía más en la época en que nuestra tierra fue la mas grande del universo.
Su conocimiento de aquella época es portentosa, porque no es que nos haga una demostración de su conocimiento de aquel tiempo, sino que entremezcla en las explicaciones de su personaje principal, definiciones, situaciones y lugares que no se han vuelto a repetir. Que se quedaron en el olvido con la conquista y la destrucción de nuestra tierra por Castilla.
Bardulia, aquella tierra primitiva de los Vardulos y Caristios; Salmantica, “Quod non dat Salmantica, non praestat”, situada en el cerro de San Vicente pueblo de los Cogotes; Runconia, ¡cielo santo! “Venus victrix”, ¡Oh diosa del amor!,
-“…¿para qué quieres que te diga que el temor con que te amé, sin cariño llega a tan mala ocasión que, acordándome de que fuimos los dos dio-ses…yo…si…cuando?”.
Era y su oferta de toda el Asia Menor, Atenea le dio su inteligencia y Paría la batalla de Troya,
¡Oh diosa naciente de la olas del mar¡
Achemíes, aquellos cristianos sometidos a acham bárbaros o extranjeros, romanos, politeístas.
O los madjus como denominábamos a los vikingos, en realidad una antigua casta sacerdotal iraní, procedente de Persia que llegaron hasta Ixbilia, donde podían convivir judíos, cristianos y varias etnias del mundo árabe. Donde existía la unión de culturas. Tierra llana o Isbiliya, donde duerme apacible el dios Baal padre de todos los dioses y magistrado, soberano y señor de los toros bravos, libres e imponentes por las llanuras de Dhu-l-hiddja, el día en que comienza la gran Fiesta del Sacrificio, Id al Adha, en el que se espera de todo el mundo una ayuda hacia los pobres y necesitados.
Ese día lo elige José Antonio para relatar el saqueo de aquellas llanuras. Y los saqueos de Xidhona donde la mayoría de sus habitantes «estaban en un huerto suyo, extrayendo el agua con un cigüeñal, para regar las verduras» del río que lleva su mismo nombre, o del bueno de Said que estaba «arando con su yunta de bueyes en el cortijo que poseía en el Llano de las Bellotas» gentes de condición humilde, individuos que a pesar de su sabiduría y preparación, eran personas trabajadoras, sencillas, que no usaban sus cargos para enriquecerse y que reflejan la realidad de la mayor parte de la población árabe, excluida la capa más poderosa. Como en Yozira, Qabtal, Caura…
Mas tarde el asalto a una desguarnecida e indefensa Ixbilia hasta el aniquilamiento de todo ser vivo.
La forma que utiliza José Antonio, de describir y retratar la brutalidad, el salvajismo y el exceso de los invasores, de los contra-atacantes y de cualquier enfrentamiento bélico sea el que sea… es un relato soberbio, genial, descrito siempre en primera persona, que nos hace adentrarnos en aquel mundo irracional donde la vida de los seres humanos no valía nada.
Eso nos quiere transmitir José Antonio o yo lo entiendo así.
De una descripción feroz nos traslada con una facilidad asombrosa a una situación de la angustia humana por la deseada salvación eterna.
Increíble así mismo toda la parte de su narración dedicada a San Zoilo, ese santo cordobés, andaluz, que anduvo de cueva en cueva y que José Antonio con una imaginación quimérica y maravillosa llega a concebirlas como ciertas, él y aquel que la lea.
Estas páginas que he releído con admiración y gozo, en un estilo muy propio de José Antonio, me han hechizado, francamente, sobre todo por su extraordinario acierto de situar su fábula en un momento de la Historia que me azuza a reafirmar que no me siento español. El invento España no es mas que otra mentira mas de los poderosos de siempre. Castilla sí que nos silenció a todos con la fuerza de la guerra, de la brutalidad, de la crueldad y de la incultura. Castilla sí fue quien por orden de los poderosos acabó con todas las grandes culturas de todos los pueblos de la península, con todos. Porque es contra la cultura contra la que se combate, porque es la que crea dificultades y peligros a los poderosos. La cultura, el conocimiento y la sabiduría es un escudo demasiado fuerte para conservar el poder. Porque el sabio sonríe y aprende y observa y espera su momento y después ataca.
El combustible del miedo es la ignorancia mientras que la muerte del miedo es el conocimiento.
Sin embargo ni los mas exaltados se elevarán nunca por encima del fango.
El poder mira desde los altos terraplenes con acrimonia y petulancia y menosprecio, cómo se apilan por debajo de ellos los artesanos, mercaderes, campesinos, mendigos y esclavos apiñados entre los pocos recovecos que aquellos han decidido que los reguarde del viento, del frio y del hambre.
No me interesa España.
Me interesa al Ándalus, Catalunya, Gaelica…
Su historia asesinada, masacrada por aquellos que auspiciaron su desaparecieron, los mismos que mantienen todavía sus privilegios, patrimonios, sus inmunidades, sus riquezas… los Alba, los Osuna, los Medinaceli, los Godó o las grandes fortunas enmascaradas a través de sociedades, bancos e instituciones financieras, como la familia del Pino, Amancio Ortega, Rosalía Mera, los March, Abelló, Ybarra, Abelló, Botín, Koplowitz… y no sé cuantos más.
Hasta el año 1812 los grandes lo fueron únicamente de Castilla, y no es hasta entonces cuando lo son de España. Un ejemplo de ello es la relación que hizo el cronista Prudencio de Sandoval de los asistentes a las cortes de Castilla celebradas en Toledo el año 1538, a quienes titula grandes de Castilla, y atribuye esta dignidad a títulos que ni siquiera en la actualidad poseen grandeza de España.
Repito que me importa un bledo. Solo siento y sé que habrá un montón de lectores que no me entenderán ni estarán de acuerdo conmigo, pero yo soy andaluz (las raíces de un hombre están donde está su corazón) y catalán (donde he crecido, formado y comido) y mi espíritu está muy lejos de Isabel y Fernando (que sí existieron) y de la “sagrada bandera” y que decir tiene del tal Pelayo (que no es seguro que existiera).
Gracias José Antonio, tu libro no tan solo me ha servido para comprobar tu grandeza (eso sí que lo es) y tu superioridad como escritor, sino que como podrás comprobar para, abusando de tu escrito, descargar parte de mis sentimientos diferenciales y firmes.
Debe ser la edad.