EL SOMATÉN.

EL SOMATÉN.
CADA DIA APRENDEMOS ALGO NUEVO.

Hace unos días asistí a una comida familiar en casa de mis consuegros. Como siempre fue una manduca impresionante porqué mi consuegra es una excelente cocinera. Además estuvo regada por la presencia de mi hija, su marido y mis tres nietos. Pero lo que deseo destacar no es precisamente este agradable encuentro, sino precisamente cuando nos quedamos solos y nos liamos, como siempre, a flagelar a políticos y personajes más o menos públicos. La conversación nos llevó, como siempre, al análisis histórico de nuestra situación y él me sorprendió al comentarme que había coincidido, en el Monasterio de Montserrat, el día de Sant Jordi, con un grupo de somatén ¡¡¡Gallego!!! realizando un ofrenda a la virgen: ¡¡su patrona!!.
Le prometí que haría una profunda investigación sobre este Cuerpo, que ni él ni yo sabíamos que existía a nivel de todo el estado español. Totalmente convencidos que era una exclusiva más del pueblo catalán.
El somatén sí es de origen catalán; quiere decir “som atents”, es decir “estemos atentos” que en un principio nació como un Cuerpo de protección civil para defensa propia y la de la tierra.
Sus inicios provienen del sagramental, cuyos orígenes se encuentran en las recopilaciones efectuadas por las Cortes de Catalunya en 1068 y en un usatge, ”uso feudal”, denominado Princeps namque.
Ambos textos legales configuran el carácter a la vez policial (en el ámbito local) y militar (en el general) conferido al somatén.
El cometido básico del somatén consistía, en caso de necesidad, dar la alarma para alertar a los pueblos vecinos. Lo llevaban a cabo mediante hogueras encendidas en la elevaciones mayores de cada pueblo; el sonido de un cuerno, un toque de trompeta o el repique de campanas.
De esta última manera, del repique de campanas, o bien so emetent en catalán, es de donde surge el nombre posterior, que prevalece sobre el de sagramental a partir sobre todo del siglo XVI.
Los miembros del somatén eran todos los vecinos en condiciones de prestar tal servicio. Tenían obligación de conservar armas en sus casas y de instruirse periódicamente en su manejo.
La movilización masiva de los ciudadanos se denominaba somatén general y alcanzó su auge durante los siglos XII y XIII. Durante los dos siglos siguientes fue frecuente aún. En los siglos XVI y XVII adquiere un papel fundamentalmente policial –contra bandoleros, hugonotes y piratas– definido por la Constitución de 1561, vigente hasta mediados del siglo XVII.
A raíz de la derrota de los partidarios catalanes del archiduque Carlos en la Guerra de Sucesión Española del 1714, Felipe V promulga los Decretos de Nueva Planta, uno de cuyos efectos es la supresión del somatén, liderado por el general Moragues durante la guerra. Pese a esta supresión temporal, el somatén continuó estando presente sobre todo en los pueblos y rincones de la Catalunya rural, y fue restablecido en 1794 por el conde de la Unión durante la Guerra del Rosellón (1793-1795), a causa sobre todo de la mala situación del ejército. Así mismo fue nuevamente usado durante la Guerra de la Independencia Española (1808-1814), en contra de los franceses en Rosas, Barcelona y Tarragona.
Fue de nuevo acreditado en 1855 por los grandes propietarios rurales, con el nombre de Sometent Armat de la Muntanya de Catalunya y adoptó el lema de Pau, pau i sempre pau. (Paz, paz, y siempre paz)
A partir de entonces, el somatén adquirió un carácter de cuerpo auxiliar del orden público en el ámbito rural, destinado a proteger los dominios de los grandes propietarios. Posteriormente, el somatén actuó en colaboración con las autoridades y grupos ultraderechistas.
El apoyo popular del somatén era escaso, debido a su actividad represiva y de trato de favor con las clases altas, gestándose toda un leyenda negra a su alrededor.
El 17 de septiembre de 1923, sólo dos días después del triunfo del golpe de Estado que instauró la Dictadura de Primo de Rivera, el Directorio militar promulgó un real decreto por el que extendió la institución catalana del Somatén a todas las provincias de España.
Según el Real Decreto el Somatén Nacional, que fue el primer nombre oficial que recibió, sería reclutado en un plazo de un mes por los capitanes generales, quedando al mando de un General de Brigada. En el Decreto, Primo de Rivera explicaba que el Somatén no era sólo una fuerza auxiliar para el mantenimiento del orden público sino también un «acicate de los espíritus» para estimular la colaboración ciudadana con el nuevo régimen. A pesar de que Primo de Rivera en un discurso pronunciado ante Mussolini el 21 de noviembre de 1923 pretendió equipararlo con los “camisas negras” fascistas, el somatén “era un cuerpo armado de burgueses de orden, creado desde, por y para el poder”, aunque también se integraron en él algunos obreros procedentes de los Sindicatos Libres. Como dijo Primo de Rivera, el Somatén «tiene por lema paz, justicia y orden, que son los tres postulados de la verdadera democracia».
Su estructura y cometido –inicialmente se copió el modelo del Somatén catalán- fueron establecidos por una Real Orden del Ministerio de la Guerra del 13 de junio de 1924 sobre el Reglamento Orgánico para el Cuerpo de Somatenes Armados de España.
Según el historiador Eduardo González Calleja, en sucesivos decretos se extendieron a sus miembros los privilegios legales de los agentes de la autoridad, incluso cuando se encontraban fuera de servicio. Así los somatenistas “lograron una práctica exención de las responsabilidades civiles o penales por hechos acaecidos durante el cumplimiento de sus misiones”.
El Somatén Nacional tuvo un notable protagonismo en la «policía de las buenas costumbres» ocupándose de establecer un determinado comportamiento cívico burgués conservador, con un fuerte componente religioso. Una de sus competencias como agente de la autoridad era perseguir la blasfemia, y algunos obispos, como el de Pamplona, Mateo Múgica, animaron a sus feligreses y a los sacerdotes de sus diócesis a que colaboraran con el Somatén. De hecho fue puesto bajo la advocación de la Virgen de Montserrat que ya era la patrona del Somatén catalán, y en sus “actos cívicos” nunca faltó la misa de campaña.
Por otro lado, alistarse al Somatén —y también a la Unión Patriótica, el partido único de la Dictadura— se convirtió en una importante base de partida para el ascenso político en el régimen o para la defensa de determinados intereses, y también para el mantenimiento de las posiciones adquiridas, por lo que muchos caciques de la vieja política de los partidos del turno también se alistaron, dando lugar, según González Calleja, a la formación de grupos armados al servicio de los grandes propietarios, lo que minó la valoración social del Somatén.
A partir de entonces se inició una paulatina decadencia, debida a que perdió buena parte de su razón de ser al mejorar el orden público y a que no logró arraigar fuera de Catalunya: “los resortes caciquiles del poder local impidieron el desarrollo independiente de una organización cívica y verdaderamente apolítica de protección”, afirma González Calleja. Otra de las razones de su decadencia fue la fría acogida que le dieron las clases populares debido a su componente burgués ya que estaba integrado casi exclusivamente por “personas respetables” (comerciantes, industriales, abogados, médicos, ingenieros, propietarios…).
Así el Somatén se convirtió progresivamente en “un simple adorno coreográfico de los fastos del régimen, desfilando con sus distintivos, armamento y banderas en toda fiesta o conmemoración oficial que requiriera su presencia”, según González Calleja.
Tras la caída de la Dictadura de Primo de Rivera y el fin de la censura, buena parte de la prensa denunció los excesos, e incluso los delitos cometidos por sus miembros, y exigió su disolución.
Esta se produjo, excepto para la Catalunya rural, por una orden del Gobierno Provisional de la Segunda República Española dictada el 15 de abril de 1931, sólo un día después de la Proclamación de la Segunda República Española.
Se restableció en 1936 tras la sublevación que originó la Guerra Civil. Acabada ésta, en 1939, se disuelve nuevamente el Somatén, pero no por mucho tiempo, puesto que en 1945 el gobierno de Franco lo reorganiza, extendido ya a casi todo el territorio español, bajo el nombre de “Somatén Armado”, con la finalidad principal de colaborar con la Guardia Civil en combatir a los maquis y las organizaciones obreras clandestinas.
Fue disuelto por el Senado en 1978.
En la actualidad, el Somatén es sólo reconocido en Andorra como institución oficial, aunque sólo entra en servicio durante emergencias nacionales como durante las inundaciones de 1982 o en actos oficiales como la visita del Presidente de la República Francesa y el Obispo de Urgell en calidad de Copríncipes de Andorra, llamándose a leva a todos los andorranos varones mayores de 18 años. No tiene ningún otro uso ni permanencia mayor, ya que la seguridad interior es competencia de la policía andorrana y, en caso de violación o amenaza de la soberanía, independencia o integridad del territorio andorrano, de España y Francia.