FELIPE CONTRA CARLOS

En la calle está la discusión y así mismo la división.
Entre mis amigos y familiares discuten sobre si España es más antigua que Catalunya.
Si Catalunya ha sido en el pasado o no lo ha sido un país o una nación como tal, independiente.
Sobre si España es el origen, el linaje de donde se procede y el resto son la pelusa resultante.
Castilla consiguió Catalunya –finalmente- por derecho de conquista, como hizo con el resto de las nacionalidades que ocupaban la península, después de decenas de años, centenares de muertos, miles de expulsados, además de un coste económico descomunal que arruinó finalmente todos los pueblos ibéricos.
Los medios de comunicación calientan las opiniones y consiguen enfrentarnos a unos contra otros.
Todos discuten con el corazón, con los sentimientos y la pasión fruto del desconocimiento; ninguno o prácticamente ninguno lo hace desde el conocimiento histórico, el estudio y la investigación. Sin ninguna sensibilidad por nuestros antepasados, sobre lo que somos.
Una vez más me enfrento al desafío de dejar por escrito lo que yo, con el mínimo de pasión posible, he averiguado sobre la historia de estas dos grandes naciones. Una de las conclusiones a las que he llegado, es que las dos actitudes de la discusión -tan acalorada como irritante- tienen una razón relativa, porque lo importante no son las fechas sino la idiosincrasia de cada pueblo, y estas son completamente distintas a pesar de que en muchas ocasiones hayan caminado de costado e incluso hombro con hombro.
La última tierra en conquistar fue Catalunya, sí.
Pero no dejo de pensar que los atacantes defendían una corona procedente de la corona francesa -Felipe nació en Versalles y obedeció a su abuelo durante todo su reinado- y los defensores argumentaban la defensa de una corona de procedencia austriaca –Carlos nació en Viena y dejó colgados a los catalanes para hacerse cargo del Sagrado Imperio Romano Germánico.
¿No es ese el final de la cuestión?