LA CARGA DE LOS SEIS REYES

LA CARGA DE LOS SEIS REYES

Solo me lo imagino.
Como otras tantas veces.
Después todo lo leído, estudiado, e investigado en la historia (que la escribo con “h” minúscula porqué cada día creo menos en ella y cada día la veo mas pequeña y encuentro más mentiras).
Los tres reyes, Alfonso, Pedro y Sancho, cabalgando unidos, juntos, fortalecidos; sus espuelas haciendo chispas al rasparse unas con otras, rozando sus muslos contra el sudor del caballo de su vecino en pos de la tierra prometida, de los tesoros de las mil y una noche, de la grandeza de sus patrimonios, del poder que adquirirán, de la victoria del Papado sobre los infieles. (“Ya veremos que haremos con el rey de al lado, cuando llegue el momento del reparto”). Detrás sus caballeros, en segunda línea, buscando un poco de lo mismo, y aunque saben que no será lo prometido, será bastante. Avanzan un poco más asustados, un poco mas convencidos de sus objetivos, tal vez menos cuantiosos, menos históricos, pero si mas concretos y terrenales.
Tras ellos una horda de 27.000 mil hombres, crueles, hambrientos; castellanos, catalanes, aragoneses y algún navarro, con un hambre salvaje por conseguir las migajas que los de delante les podrían dejar, a cambio del degüello de todo aquello que se moviese, fuesen lo que fuesen. Hombres entrenados para la guerra –eso dice la historia, aunque yo no la creo- disciplinados, instruidos, con palos, estacas, hachas. (¡Que barbaridad¡)
A las seis, quizás a las siete que es cuando el sol hace su rotunda aparición, en esa época del año, y en aquel lugar, las fuerzas que habrían de conformar el haz cristiano, comienzan a descender de la Mesa del Rey. Bajan por la ladera sur, que es la menos abrupta. Los musulmanes aguardan frente a ellos, al otro lado del llano. Muestran la misma disposición que la víspera, y si no fuera porque les habían visto romper filas al anochecer, pensarían que no se habían movido. Desde allí llega el insoportable golpear de tambores, que tanto ha contribuido a que no pegaran ojo durante la pasada noche. Cuando las tropas están desplegadas se hace un silencio, que solo rompe el ulular de los gritos bereberes.
-¡A la carga¡ –gritó de pronto uno de los reyes.
-¡A la carga¡ -berreó el de su lado.
-¡Aquí moriremos todos! –voceó el tercero un tanto acojonado, pero que ha pasado a la historia.
La masa de ansiosos guerreros corrieron tras sus caballeros, aullando desesperadamente, ¡Victoria o muerte!, gritan todos excitados, corriendo hacia la colina, hacia una muerte muy probable, pero ¿y si sobrevivo? ¿cuánto me llevaré?.
En el altozano les esperaban varios miles de enemigos; “…un nutrido contingente de voluntarios fanáticos de poco valor militar y escasa disciplina: chusma a la que el rey moro, resuelto a facilitar su viaje al anhelado paraíso de las huríes, colocó en primera fila para que hicieran allí de carne de lanza”, según Pérez Reverter.
Los atacados no defendían nada, no, ni su tierra, ni su riqueza ni su cultura, ni sus creencias, solo eran un montón de fanáticos de poco valor personal.
Los tres reyes se pararon, claro, mientras los sobrepasaban sus hombres, puesto que ellos tenían que dirigir aquella carga, aquella masacre, la matanza de los infieles, el posible desastre de muertes, degüellos, bajas, heridos…evitar una posible desbandada, si los que estaban en el altozano reaccionaban.
Desde allí veían claramente la magnífica tienda del moro, protegida por su guardia personal. Un punto donde sería difícilmente llegar y mucho menos acabar con el caudillo.
Además ¿cómo iban a arriesgarse con lo que esperaban de ellos sus hombres, su plebe y la historia.? (Y el patrimonio al que podían acceder).
No, no, los tres reyes se quedarían quietos donde estaban, aguardando, coordinando.
Ellos esperaban, dirigían, observaban, ordenaban y anhelaban el paso a la historia con la ayuda de aquel tropel de desesperados, ignorantes, desorientados, ingenuos, obedientes, leales e insumisos vasallos.
Y contra todo pronostico, la batalla la ganaron.
Y después cada uno a la suya.
“Meny years after”
Fijaros.
Los tres reyes podrían ser entre otros: Mariano. El rey de Gallaecia conocido como el Borrico, aunque no tuvo nada que ver con los de Covadonga porque eso fue después; con unas desmesuradas ansias de poder, por conseguir el título de rey de Castilla, y un irrefrenable deseo a lo Jaime I de conquistar las islas, se siente bien acompañado por sus caballeros y caballeras, como el temido general Bárcenas, Abu Qasi Camps, el temible Costa, la duquesa de Matas, doña Mato, hija del alférez jefe de la flotilla naval de castilla con sede en la taifa de Qart Hadasht, fue amiga de Don Vito Gurt, cabeza de la poderosa familia del reyno de Marruecos y muy interesada en la lucha contra los brotes infecciosos africanos…
Mariano tiene el apoyo incondicional de don Rodrigo medalla de oro de la Orden de Bankia, el señor de Goirigoizarre, el señor de Blesa de origen andalusí, con al distinción de medalla de oro de la Real Academia de la Historia… además de doña Esperanza condesa de Borno, condesa de Murillo y Grande de España, hija de los condes de Sepúlveda. Su familia fueron los principales creadores de la ciudad de Valdeluz, cercana a Guadalajara, con la ayuda de don José Bono, nombrado vasallo mayor de Castilla, así como de Villanueva de la Cañada y dama de la Real Orden de Isabel la Católica.
Aunque la lista es interminable, ya que la nobleza castellana está con él, no podemos dejar de citar a doña Soraya, hija del militar español José Antonio, quien en la post-guerra asumió, como comandante, la coordinación de las fuerzas implicadas en la represión y dirección de las operaciones contra el maquis. Para ello creó una red de colaboradores y confidentes, crucial en la eliminación de la guerrilla. Participó en varias operaciones, pero su éxito siempre lo achacó a la información, reconociendo al final de su vida que lograba obtenerla gracias al uso de la droga pentotal sódico.
Además tras él se han unido huestes por un número increíble de vasallos, que además del botín quieren poseer el territorio.
Después está José Luis, reyezuelo de Extrema dorii, que, sin estar, sigue estando, con sus dos mejores caballeros el conde-duque Chávez y el marqués de Griñán, insolentes y poderosos, mandamases absolutos de los Eres andaluces.
Hombres de gran talante farsante y fullero, que tienen tras de sí un poderoso ejército de casi un millón de vasallos persiguiendo un botín que les permita vivir y que no conseguirán porque el Gran Señor don Emilio se murió.
Y está Arturo, rey de la taifa del norte y sucesor de Ibd Quasi Pujol, de origen judío. Converso. Nombrado directamente por éste a pesar de la oposición de sus propios hijos legítimos herederos.
Su lucha se centra en establecer su poderío sobre el antiguo territorio Franco, pero el enfrentamiento con los Quasi Pujol está retardando sus objetivos e incluso podría ser que no lo consiguiera. Además le falta el soporte de los grandes señores de los condados francos, quienes en varias ocasiones históricas ya le han traicionado a la hora de la verdad.
Tenía el apoyo de mas de un millón de vasallos, que poco a poco van abandonado la lucha.
Yo no voy a ir a buscar las cáscaras que me corresponden y podré morir en paz. Vosotros haced lo que queráis.