LA GRAN REDADA DE LOS EGIPTANOS

LA GRAN REDADA DE LOS EGIPTANOS
No deja de sorprenderme el monumental engaño histórico al que hemos estado sometidos desde bien pequeños y al que los medios (en la actualidad) nos quieren seguir haciendo creer a pesar de la amplia documentación existente sobre las barbaridades cometidas por nuestros insignes Reyes Católicos.
En ocasiones anteriores he escrito con toda la dureza que he podido sobre las bárbaras expulsiones perpetradas por Isabel y Fernando tanto con las comunidades de judíos como con las de musulmanes. Familias tan castellanas (españolas) como podían serlo las de otras etnias que habitaban la península.
Pero hete aquí que en mi inconsolable y dolorida búsqueda de la verdad de nuestros ancestros me encuentro, cuanto más leo, con legajos, papelotes y mamotretos conservados (y bien registrados) en Bibliotecas y Archivos de nuestro suelo patrio.
Incalculables han sido los momentos históricos en los que algún rey o gobernante se ha empeñado en hacer una limpieza étnica de su nación, expulsando, aniquilando o concentrando en guetos a aquellos grupos de personas que tenían una raza, cultura o religión diferente.
A todos nos viene a la cabeza los genocidios que han tenido lugar durante el Tercer Reich, la guerra de los Balcanes o en múltiples enfrentamientos bélicos en el continente africano. Pero no debemos posar la mirada hacia otros países para ver las atrocidades e injusticias que se han hecho.
En España son muchas las ocasiones en las que se han realizados expulsiones y exterminaciones inhumanas, siendo quizá el momento histórico más notorio el protagonizado por los Reyes Católicos en 1492.
Porqué en España no solo se persiguió a musulmanes y judíos, el pueblo gitano también fue objeto de expulsión a lo largo de la Historia y llevado a cabo por un buen número de reyes, posteriores a la realizada por los llamados Católicos.
Los primeros gitanos llegaron a la Península Ibérica procedente la India recién estrenado el siglo XV. Por aquel entonces se creía que provenían de Egipto, de ahí que se utilizase el término Egiptano (que acabó en el conocido “gitano”) para referirse a ellos. En un principio fueron bien acogidos pues se trataba de un grupo que venía de tránsito y cuyo destino decían que era el peregrinaje hacia Santiago. Acabaron dispersándose por toda la península e instalándose a vivir aquí.
Ocho décadas después los Reyes Católicos firmaron la Real Pragmática de Medina del Campo, en 1499, y se inició una persecución que un monarca tras otro llevó a cabo durante los siguientes años. Detenciones, destierros, envíos a galeras como “chusma” (término por el que se conocía a los remeros), separación de hombres y mujeres con el fin de que no tuviesen descendencia y acabar con toda presencia gitana… De hecho con el mismo estilo que se empleó con judíos y musulmanes.
A lo largo de los siguientes siglos muchas fueron las persecuciones a las que fueron sometidos, pero quizá una de las famosas y encarnizadas fue la conocida como “La Gran Redada de 1749” (también llamada “Prisión general de gitanos”), un plan elucubrado por el Secretario de Estado (equivalente a Primer Ministro) Zenón de Somodevilla y Bengoechea (marqués de la Ensenada) junto a Gaspar José Vázquez Tablada (obispo de Oviedo y Presidente del Consejo de Castilla) bajo el amparo y aprobación del rey Fernando VI.
La Gran Redada fue una operación que estuvo sincronizada en todo el reino y que se puso en marcha el miércoles 30 de julio de 1749. Todos los representantes de la autoridad, así como numerosos voluntarios, recibieron la orden de perseguir y apresar a todos aquellas personas de etnia gitana que encontrasen.
Los varones gitanos, mayores de siete años, eran enviados a prisiones, arsenales y trabajos forzados y las mujeres y niños a cárceles, conventos o fabricas donde trabajar de sol a sol. Se barajó el deportarlos hacía el continente americano, pero el elevado coste e infraestructura necesaria hizo que finalmente se descartarse ese destierro. La puesta en marcha de la redada fue tan meticulosa que solo en el primer día fueron apresados alrededor de diez mil gitanos.
Dicho acosamiento e intento de exterminio se prolongó a lo largo de los siguientes 14 años, hasta 1763, cuatro años después del fallecimiento de Fernando VI en el que su sucesor, su hermano Carlos III, firmó un indulto general que dejaba en libertad a todas las personas de etnia gitana y ponía fin a su persecución.
Cabe destacar que durante el periodo en que se llevó a cabo la “Prisión general de gitanos”, muchas fueron las ocasiones en las que numerosos presos fueron puestos en libertad, bien por ganar algún recurso o por demostrarse que eran ciudadanos muy válidos en sus respectivas comunidades y que nada tenía que ver con ellos la etiqueta de vagos y maleantes que se le adjudicaba al conjunto del pueblo gitano.
Real Pragmática de los Reyes Católicos, Medina del Campo 1499 (Archivo Instituto de Cultura Gitana / accioncultural.es)