LA HISTORIA Y LEYENDA DEL CAMINO DE SANTIAGO.

LA HISTORIA Y LEYENDA DEL CAMINO DE SANTIAGO.

CAPÍTULO II.
La cultura pre-celtíca.

Sin embargo infinidad de estudiosos nos plantean una cuestión tremendamente importante sobre la verdad de la historia del camino y de los restos del apóstol.
Bastantes siglos antes de la Era Cristiana, llega a Galaecia -nuestra actual Galicia- un pueblo precéltico (invasor o tal vez peregrino) que iba guiado, en su camino hasta el fin de las tierras que limita con el principio de las aguas del Océano, por una especie de serpiente que surca el cielo nocturno: la Vía Láctea -la parte que vemos de nuestra Galaxia-.
La senda en el suelo, en la tierra, quedaba trazada por la del cielo, la vía estelar, la serpiente o báculo luminoso. Esa serpiente guía es la luz que brilla en la oscuridad.
Este pueblo de culto ofidiátrico fue denominado, según la leyenda, como los Saefes (saepes en griego, quizá los serpiente, tal vez los sabios).
Para ellos el gran ofidio que tenía su imagen en el cielo nocturno era un ser sagrado. E igualmente eran sagradas sus manifestaciones energéticas de la tierra a las que denominaron wouivres. Sobre estas construyeron la mayor parte de sus santuarios.
Cuando posteriormente los romanos llegaron a estas tierras norteñas de Hispania, el finis terrae, (el fin del mundo) llamaron a esa ruta de la serpiente de luz como Callis Ianus, el Sendero de Jano. Este dios latino (equiparable al dios Lugh céltico) era el dios de la luz y custodio de los conocimientos secretos de los constructores.
Durante la Edad Media los cristianos reinterpretaron el mito milenario y lo dotaron de nuevos significados y valores, acordes al momento político y religioso del medioevo.
Crearon una serie de alegorías protagonizadas por los personajes evangélicos que se entrecruzaron con los paganos que desaparecieron.
Y le incluyeron, además, una simbología milagrosa y heroica que reforzara y apoyase al cristianismo en su resistencia y lucha contra el islam que en aquellos siglos dominaba parte de la península ibérica.
Nació así la leyenda del apóstol Santiago en tierras de Hispania, que es el equivalente cristiano de los héroes mítico-religiosos de otras culturas anteriores que también compartían el peregrinaje sagrado a occidente, la senda de la iniciación tanto exterior como interior.
El Océano -el mar tenebroso- era la frontera entre el reino de los dioses y los humanos, los muertos y los vivos, donde el sol (la Luz) moría cíclicamente para retornar nuevamente a la tierra.
Este senda iniciática o transmutatoria cuyo rumbo discurre hacia la tierra de la muerte u occidente la seguirán tanto el Dionysos/Baco grecorromano, como Herakles/Hércules, en gran parte de su peregrinaje conocido como los doce trabajos del héroe solar. El trazado que en la Edad Media se llamaría Camino Francés, o Jacobeo (de Baco/Iaco/Iacobeo) coincide con la ruta que siguió este pueblo de Saefes (Saephes/Saepes/Serpes) para llegar hasta las orillas del Atlántico.
Así, cuando comenzaron las peregrinaciones cristianas a la supuesta tumba del apóstol Santiago (Baco/Iaco-/Yago/Santiago), los caminos ya habían sido hollados desde tiempos remotos por otros seres humanos que cubrieron sus pies con el polvo sagrado de la tierra.
La sacralidad o no del viaje la aporta el propio peregrino si se halla receptivo al aprendizaje exterior/interior de esta ruta jalonada de wouivres, las cuales a su vez despertarán las energías espirituales dormidas del viajero tan sólo si se ha preparado y purificado para conectar con ellas.
Los saefes precélticos primero, los celtas después, posteriormente griegos, romanos (no sabemos si también Cartago pues su diosa Tanit era asimismo señora de occidente) y por último los cristianos.
Cada cultura ha mantenido vigente este ancestral camino hacia la tierra de la muerte bajo su propia idiosincrasia. Que actualmente reciba el nombre de Camino de Santiago viene originado porque el panteón mitológico cristiano está compuesto de tres niveles: la Deidad Suprema, los Ángeles como segundo nivel y como tercero los denominados Santos.
Estos últimos son humanos que han alcanzado la eternidad o santidad y por ello estos héroes míticos del cristianismo reciben el título de santos (algunos nunca existieron y son adaptaciones de personajes paganos míticos o reales).
En este caso el cristianismo hace girar el camino hacia la tierra de la muerte en torno de un personaje principal que consiste en el supuesto apóstol. El nombre de Santiago viene de unir el semi-dios Baco/Iaco romano que le precedió con la figura evangélica cristiana. Esta hibridación, característica de toda evolución religiosa histórica, funde la idiosincrasia de la última fase mítica con la siguiente.
Así el ciclo mítico va de Lugh a Baco y de este a Iaco/Yago al que se le incorpora el pronombre o título de Sant-Yago.
Y así tenemos la moderna ruta Jacobea.