LAS MENTIRAS DE LA HISTORIA.

FERNANDO e ISABEL.

Aunque la idea enormemente extendida de que el enlace de los Reyes Católicos fue un matrimonio por amor, es un hecho que su unión estuvo motivada por razones políticas.
-Eso no fue lo que me enseñaron a mí en la escuela-
La entonces princesa Isabel, imbuida en luchas nobiliarias por ser reconocida como la legítima heredera de Enrique IV en detrimento de la princesa Juana, necesitaba el apoyo internacional que le podía ofrecer la Corona de Aragón, mientras que Juan II de Aragón, el padre de Fernando y uno de los grandes defensores de esta unión, deseaba unir los territorios de Castilla a su dinastía.
Aunque el matrimonio fue un gran éxito en muchos ámbitos, su relación personal fue enormemente tormentosa, tanto por razones políticas como sentimentales. Y una de las razones más comunes de sus disputas fueron las frecuentes infidelidades de Fernando, -y al parecer también las de Isabel-que en muchas ocasiones tuvieron como consecuencia el nacimiento de diversos hijos bastardos.
El monarca se hizo cargo de varios de estos descendientes, que legitimó ante la ira de Isabel, que veía hecha pública su humillación como esposa con el reconocimiento de la existencia de estos bastardos reales, algunos de los cuales llegaron a desempeñar puestos muy importantes dentro del reino de su padre. La práctica totalidad de los hijos bastardos de Fernando fueron vinculados, desde una edad muy temprana, a la Iglesia.
Dentro de la ideología de la España de la época, el nacimiento de un hijo fuera del matrimonio se consideraba una muestra viviente del pecado cometido por los padres, que muchas veces buscaba redimirse entregando a ese hijo o hija “del pecado” a una vida eclesiástica, que además les permitía mantener una forma de vida honrosa y alcanzar unas altísimas cotas de poder. Sin embargo, esta norma no era uniforme y, en ocasiones, especialmente cuando la madre era también de origen noble, dichos descendientes podían vivir una vida seglar, generalmente disfrutando de algunos títulos nobiliarios y casándose con elementos poderosos del reino de su padre, que les permitiría disfrutar de una gran importancia en el terreno político como hijos del monarca.
Aunque se suele defender que la relación de Fernando con Aldonza fue anterior a su matrimonio, la fecha del nacimiento de su primer hijo en común contradice este extremo, pues en 1470 los que llegarían a ser los Reyes Católicos ya estaban casados y ese mismo año nacería también su primera hija, la princesa Isabel. Fernando protegió y cuidó siempre a Alfonso, que fue uno de sus hijos más queridos. Vinculado desde temprana edad a los estamentos eclesiásticos de la Corona de Aragón, que habían estado tradicionalmente dominados por personajes de la familia real, llegó a ser arzobispo de Zaragoza, pero destacó por la importancia política que tuvo junto a su padre, del que fue colaborador muy cercano y, en muchas ocasiones, también consejero político.
Se debe recordar que las leyes sucesorias de Aragón en aquel momento vetaban el acceso de las mujeres al trono, aunque se permitía que ellas transmitieran sus derechos a sus descendientes varones. Asimismo, había una importante facción dentro de la nobleza aragonesa que se oponía a una unión permanente con Castilla y que vio en Alfonso, criado en Aragón y formado en la política y los usos del reino, un candidato ideal para suceder a Fernando en el momento de su muerte. Aunque Fernando el Católico no apoyó la candidatura de su hijo al trono, defendiendo los derechos de sus hijas a su trono y consiguiendo, finalmente, que fueran reconocidas como sus sucesoras en sus territorios, no dejó de confiar en su hijo para las tareas de gobierno de la máxima importancia. En 1507 fue nombrado por su padre como lugarteniente general del reino de Nápoles después de los conflictos que le habían enfrentado con Gonzalo Fernández de Córdoba, el famoso “Gran Capitán” y también mandó las tropas que llevaron a la conquista del reino de Navarra en 1512.
Alfonso contaba con el apoyo de una gran parte de la nobleza aragonesa, que prefería a un rey que había sido criado y educado en sus costumbres, por lo que Alfonso gozaría de importantes oportunidades para luchar por hacerse con el trono de su padre. Pero Alfonso cumplió con la misión que le había encomendado su padre, manteniendo bajo su control la Corona aragonesa, hasta 1518, cuando el joven Carlos pasó a jurar los fueros de los distintos reinos de la Corona de Aragón como nuevo rey. Carlos recompensaría la fidelidad de su tío nombrándole virrey en su ausencia hasta su muerte, en 1520, dejando su puesto como arzobispo de Zaragoza al mayor de los siete hijos que tuvo con Ana de Gurrea, con la que nunca se pudo casar por su condición eclesiástica, pero con la que mantuvo una relación bien conocida durante más de veinte años.
Fernando murió de un exceso de estimulantes sexuales de aquella época e Isabel de un cáncer de útero.