LOS CONDADOS DEL ROSELLÓN Y LA CERDAÑA.

LOS CONDADOS DEL ROSELLÓN Y LA CERDAÑA.

Los orígenes del Condado del Rosellón se encuentran en un antiguo condado visigótico cuya jurisdicción correspondía, muy probablemente, al de la antigua ciudad iberorromana de Ruscino y con el obispado de Elna. Este primitivo condado, que comprendía las comarcas históricas de Plana del Rosellón, Conflent y Vallespir, lo creó el rey visigodo Liuva I en el año 571.
Seguramente como reacción a la amenaza que significaba la cruzada anti-cátara del Languedoc, dirigida por nobles franceses hacia 1209, el rey Pedro II de Aragón (Pedro el Católico) concedió en herencia a su tío Sancho, conde de Cerdaña desde 1181, el condado del Rosellón, incluyendo el Conflent y aquellos territorios del alto Rosellón y del Vallespir, que habían formado parte del Condado de Besalú; por tanto el condado del Rosellón volvía a coincidir con la diócesis de Elna. Sancho I de Rosellón-Cerdaña, fue sucedido por su hijo Nuño Sancho de Rosellón-Cerdaña, a la muerte del cual (1242), sus condados revirtieron a la corona.
En su testamento de 1261, Jaime I de Aragón dispuso que los condados del Rosellón y la Cerdaña habían de pasar a formar parte del reino de Mallorca, que correspondería a su hijo Jaime, quedando separados de Aragón, Cataluña y Valencia que serían para Pedro III de Aragón (Pedro el Grande); a partir de entonces, el infante Jaime administra como veguer (una versión local del corregidor castellano) su futuro reino.
Tras la muerte de Jaime I (1276), este testamento se puso en práctica y los condados del Rosellón y de Cerdaña pasaron a dominio de Jaime II de Mallorca (1276-1311), que convirtió a Perpiñán en la segunda capital del reino.
El territorio de los condados del Rosellón y Cerdaña, se dividía en veguerías: la veguería del Rosellón, con capital en Perpiñán se unió a la de Vallespir con el territorio de Illa que, hasta 1309 había formado parte de la del Conflent. La veguería de Conflent, con la capital en Vilafranca de Conflent, correspondía, aproximadamente, al actual Conflent con la veguería del Capcir; la veguería de Cerdaña tenía su capital en Puigcerdà con la veguería del Baridà y el territorio del Valle de Ribes disponía de su propia administración.
En 1344, Pedro el Ceremonioso, se anexionó el reino de Mallorca y constituyó los condados del Rosellón y Cerdaña gobernándose ambos —independientes de la gobernación del Principado de Cataluña— con capital en Perpiñán, de modo que esta ciudad se convirtió en la segunda capital de Cataluña.
En el siglo XV, las tensiones políticas de Cataluña condujeron al estallido de la Guerra de los Remences (1462-1472) cuando Cataluña se rebeló contra Juan II. Entonces, para conseguir la ayuda de Luis XI de Francia contra los rebeldes, Juan II firmó en 1462 el Tratado de Bayona con el que se empeñaban al rey de Francia los condados de Rosellón y Cerdaña a cambio de recibir armas y dinero. En 1463, Luis XI ocupó los condados donde, a partir de 1472, cuando ya la guerra había terminado en el resto de Cataluña, comenzó a extenderse la revuelta contra los franceses; el 12 de febrero de 1473, Juan II entró, con un ejército, en Perpiñán y se atrincheró en ella mientras la guarnición francesa se retiraba al castillo real y un nuevo ejército de Luis XI volvía a sitiar Perpiñán. Tras una tregua acordada en 14 de junio, se llegó al Tratado de Perpiñán, pactando que los combates se llevaran a cabo en un territorio neutral. Sin embargo, Luis XI, contraviniendo el tratado ocupó Elna en 1474 e hizo ejecutar al gobernador Bernardo de Oms en el castillo de Perpiñán. El 10 de mayo de 1475, tras ocho meses de asedio, los perpiñaneses aceptaron la orden de Juan II de rendirse a los franceses. Por haber resistido este largo y penoso asedio, Juan II concedió a Perpiñán el título de Fidelíssima Vila. La represión francesa fue extrema, y se produjeron varias revueltas contra los ocupantes, como la del 1477. La dominación francesa finalizó con el Tratado de Barcelona (1493) en la que Carlos VIII de Francia aceptó restituir los condados a Fernando el Católico.
Durante el siglo XVI, los condados del Rosellón y la Cerdaña se vieron afectados por las continuas guerras entre la Monarquía Hispánica y Francia. En 1520, un ejército francés se apoderó de la Torre de Querol y llegó a Puigcerdà; en 1542, Perpiñán fue defendida por el duque de Alba contra el batallón dirigido por Enrique, príncipe de Francia. Los franceses efectuaron un nuevo intento de anexión en 1595. Debido a esta inseguridad, Carlos I y Felipe II reforzaron las fortificaciones de Perpiñán y convirtieron el antiguo palacio de los reyes de Mallorca en una ciudadela.
Dentro del contexto de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), en 1635 Felipe IV declara la guerra a Luis XIII de Francia. En 1639 los franceses tomaron Salses; poco después, en 1640, Cataluña se subleva contra Felipe IV y así se inicia la Guerra de los Segadores (1640-1659); en 1641, Luis XIII fue proclamado conde de Barcelona y Cataluña se divide entre partidarios de Francia y partidarios de España. Esta situación de guerra dio lugar al Tratado de los Pirineos (1659), que estableció la anexión a Francia de los condados del Rosellón y la Alta Cerdaña, excepto el Valle de Ribes, una parte de esta comarca que quedó bajo administración española, y la villa de Llívia.
La nueva administración francesa dará al territorio el nombre de provincia del Rosellón. En 1790, cuando la Asamblea Nacional francesa decidió dividir todo el reino en departamentos y suprimir las antiguas provincias, la antigua provincia del Rosellón quedó englobada en el departamento de los Pirineos Orientales.
El Tratado de los Pirineos dio origen a lo que los nacionalistas catalanes denominan Cataluña Norte, la cual no coincide exactamente con los antiguos condados del Rosellón y la Cerdaña, ni tampoco con la antigua diócesis de Elna. Los pueblos de la Cerdaña anexionados a Francia pertenecían al obispado de Urgell. Tras la anexión, estos pueblos pasaron al obispado de Elna, posteriormente trasladado a Perpiñán en el siglo XVIII.