…CUANDO UNA MANO HIERE Y AFRENTA.

…CUANDO UNA MANO HIERE Y AFRENTA.

“Los castigos de los padres, ejecutados, reservan los de los verdugos, Claudio, con tan grande diferencia, cuanto hay de una mano que honra a una que hiere y afrenta.”
Pedro Calderón de la Barca.

Un hombre hace lo que hicieron con él. Sus límites de acción dependen de la educación que le dieron. Y si se quiere hacer país (como tanto se canturrea), la base es la educación. Lo contrario es una ciclópea y abrumadora conspiración contra los hombres.
Los artífices de esta conspiración lo tienen claro, sin educación no hay pensamiento crítico, y sin él, la corrupción, el clientelismo y la demagogia dan golpes de barriga a su antojo en un paisaje político en el que la inteligencia se mide por la capacidad que tiene un individuo para robar con una corbata puesta.
Y, a todo esto, un analfabetismo funcional, galopante (se lee sin entender el sentido de las palabras y las frases, se cree que las estadísticas son la realidad, se lucen equipos electrónicos poderosos para posar de inteligentes…). Cada partido político mayoritario ha buscado dejar su impronta en dicho sistema. No cabe duda que la educación es un arma ideológica de valor incalculable. Las escuelas e institutos no dejan de ser centros en los que se forman los futuros ciudadanos y son moldeados en base a una serie de valores que la sociedad o el partido de turno quiere inculcar en la búsqueda de la sociedad ideal según su visión. Busca “construir” ciudadanos-operarios, el reproducir el contexto económico en la escuela. Pone mucho énfasis en cuestiones como los valores del emprendimiento pero luego deja atrás asignaturas que fomentan esa riqueza mental y el ejercicio de nuestra imaginación; algo indispensable para ese “emprendimiento”.
Se busca formar individuos y no ciudadanos, en lugar de educar en la cooperación educamos en la competitividad.
Se han olvidado totalmente asignaturas como Educación (y la Urbanidad tan necesaria para una sana convivencia) y eso nos ha llevado escenas fotográficas tan dolorosas (al menos para mí) tan deplorables y patéticas, como las de un Presidente de un Gobierno de España, negándoles la mano a su opositor y negándole algo tan sencillo y humilde como es una sonrisa, se esté o no se esté de acuerdo con su proyecto político.
Por la sencilla razón que miles de niños, jóvenes y también adultos van a acabar viéndola y juzgándola, y como dice Calderón: “…con tan grande diferencia, cuanto hay de una mano que honra a una que hiere y afrenta.”