MENTIROSOS

MENTIROSOS

En el PP todo el mundo miente. Y quién miente, efectivamente, es un mentiroso, algo éticamente reprobable siempre, pero cuando además, se ostenta un cargo en el partido político del Gobierno es extremadamente grave, aunque en el PP nos tengan más que acostumbrados. A veces, incluso, parece que en Génova la mentira cotiza al alza, y que cuantas más mentiras tengas en tu currículum, más lejos llegarás.
Gente como Aznar marcó ya el camino, poniendo el listón muy alto con la guerra de Irak, y el propio Rajoy es un digno sucesor de la mentira habiendo conseguido llegar al poder con un programa oculto.
Por este motivo, en el PP quizás no sorprende a nadie la mentira por gorda y antiética que sea, incluso rozando el perjurio y los incumplimientos políticos. Ya lo hacían sus antecesores desde los reyes católicos, eso de incumplir tratados, de engañar, de mentir incluso de matar.
En el PP se miente porque tienen fe. ¿En qué? Pues en la mentira, en cómo manipular la realidad de manera torticera que les puede proporcionar rédito político. En el fondo, es lo que siempre han mamado en el partido y, en cierto modo, no se les puede reprochar que confundan ámbitos y circunstancias.
Sus razonamientos internos les ha llevado a pensar que si la mentira les ayuda a prosperar en el PP, sucederá lo mismo en la política nacional. Esa fe ciega en la mentira que se gastan unos y otros está a prueba de realidad. De otro modo, no se entiende que aun cuando continúan haciendo ostentación de la misma una parte tan importante del puebo español les de soporte aun manteniendo esa política de intimidación, cómo las mentiras vertidas por Aznar, Rajoy y el resto de la cohorte de Génova, al dictado neoliberal de los mandamases europeos, que se han estrellado estrepitosamente en el referéndum griego con más de 20 puntos de diferencia a favor del NO.
De cara a las próximas elecciones generales en España, el PP está pletórico de alegría, puesto que sus oponentes están –la izquierda nos hace siempre ,lo mismo- con inexplicables peleas internas que nos duele profundamente a otros sectores también del pueblo español, mientras ellos en lugar de asumir la realidad general y practicar políticas de justicia social, lo único que se les ocurre es insistir en proyectar miedo a la sociedad mintiendo con la misma credibilidad que un niño que asegura que su perro se comió los deberes.
Y también se les ocurre claro, cambiar sobre todo el nuevo logo del partido, cuestión extremadamente importante por todos los españolitos de a pié y que les dará la victoria en las urnas.
Cómo no se nos había ocurrido antes, la única preocupación es Catalunya después de los independentistas le plantearán una idea tan edificante, honesta y estimulante, para que estuviera entretenido.
Nuestro pueblo no es un pueblo violento, aun cuando tenemos motivos más que sobrados para serlo. Si algo han demostrado los españoles contra el austerísimo ejecutado por Rajoy y su cohorte, que han esquilmado el país entre unos y otros, es que no hemos respondido de manera agresiva. Ni lo hemos hecho antes ni creo que lo hagamos ahora, aunque declaraciones como las de Cospedal, Sainz de Santamaría, Vera, Montoro… sean un gotita más que contribuye a colmar el vaso. Que no olvide Rajoy que si el agua se derrama, habrá sido gente como él quien lo ha precipitado.