¿QUÉ ES LA GUERRA DE SIRIA?

¿QUÉ ES LA GUERRA DE SIRIA?
Hola Roger:
Dentro de nuestra campaña ‘Seguir con vida’, esta es, posiblemente, una de las crónicas más duras que hemos traído del terreno. Hemos querido explicártelas porque debemos dar testimonio sobre lo que está sucediendo en Siria.
Son historias, testimonios de la guerra en Siria: Saqer y Maryam se casaron justo cuando empezaron las protestas que luego desembocaron en la guerra civil.
Los conocimos a todos ellos y a los niños en los hospitales de Médicos Sin Fronteras. Estremece imaginar el futuro de estas familias, que por supuesto podría y debería haber sido otra. Nuestro consuelo es que ellos, a diferencia de otros que han quedado atrapados bajo las bombas, están juntos y atendidos gracias a vuestras colaboraciones.
Gracias.

¿Qué es la guerra siria? La guerra siria es Ahmed, un niño de 8 meses que murió en el ataque de un tanque sirio. La guerra siria es Mohamed, un niño de 2 años que perdió la vista en el mismo ataque. La guerra siria es Amina, una niña de 4 años que intenta recuperar la visión de un ojo después del mismo ataque. La guerra siria es Amal, una niña de 5 años con una pierna amputada tras ese mismo ataque.
Ahmed, Mohamed, Amina y Amal son hermanos. Ahmed ya no volverá, pero los demás se recuperan de sus heridas en un hospital de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Ramtha (Jordania), justo en la frontera con Siria. Sus nombres son ficticios: todo lo demás es real, todo lo demás es lo que la guerra siria, la más violenta del siglo XXI, está destruyendo.
“Estábamos en casa, había traído dulces para la familia, salí a ver qué pasaba y justo entonces la casa fue atacada. Cuando entré, uno de mis hijos ya estaba muerto. Los demás estaban heridos”, recuerda Saqer, el padre de los niños.
Después del ataque, la familia pudo salir de la provincia siria de Dará y cruzar la frontera con Jordania; allí fueron ingresados en un hospital local que, con el apoyo de MSF, ofrece cirugía para heridos de guerra. Ahora, Saqer y sus hijos intentan volver a la vida en Ramtha. Desde allí, a unos kilómetros, se divisan unas colinas en territorio sirio. Las bombas de las que han huido están tan lejos y tan cerca.
La madre, Maryam —también un nombre ficticio—, interrumpe a su marido constantemente y se lamenta. No lo puede soportar. “Nos casamos hace cinco años. Tenemos los mismos años de matrimonio que el conflicto. Desde entonces, he dado a luz a un hijo detrás de otro. Y hemos perdido tanto…”, suspira la madre mientras Amina, la niña de 4 años que lucha por recuperar completamente la visión, reclama su atención jugando con un globo lila y metiéndoselo en la boca.
“Todos estos años hemos sufrido bombardeos, ataques de francotiradores… Atacaron nuestra casa. Y en las noticias decían que habían matado a cuatro terroristas en ese ataque. Estaban diciendo que habían matado a mis hijos”, recuerda Maryam con rabia en los ojos.
Es una historia dura —estremece imaginar el futuro de la familia— pero demasiado común. La coordinadora del proyecto de MSF en Ramtha, Christine Slagt, explica que aproximadamente el 20 por ciento de los heridos de guerra que llegan al hospital son menores de 18 años.
20. 20 por ciento. Un porcentaje que puede ilustrar una crónica sobre la guerra siria, como esta. Pero también un porcentaje que existe, que representa a personas, que se traduce en humanidad: en el hospital de Ramtha y en los campos de refugiados sirios, es imposible no ver a niños y adultos amputados, ciegos, arrasados por la guerra y recuperándose de sus heridas, aún lejos —de cuerpo y mente— de cruzar Europa y llegar a Alemania o Suecia. Estos también son refugiados, aunque no salgan mucho en la televisión: de hecho, son la mayoría. Este es el origen, aquí hay un resumen de todos los motivos por los que huyen despavoridos. Este es el impacto más directo y brutal de la violencia.
“Es una masacre”, dice el padre de los niños heridos.