QUE VAMOS A HACER CON NUESTROS NIÑOS.

QUE VAMOS A HACER CON NUESTROS NIÑOS.

Felipe V se equivocó sí, pero son muy pocos, incluso ahora, los que no se han equivocado con respecto a la aportación histórica que Catalunya proporcionó y podría proporcionar al conjunto de la nación española, en lo que ya compartió en el pasado y en lo que podría participar en el futuro si las relaciones se gestionasen de otra forma; antes y ahora, es decir entendiéndolas.
Del mismo modo se equivocaron catalanes ilustres, castigándola con sus decisiones al ostracismo histórico: Ramón Berenguer al unirse con Aragón; los condes de Barcelona, entregándola a Castilla; Jaume I repartiendo el Principado; la guerra dels Segadors, cuyo resultado final fue que Portugal consiguió la independencia y Catalunya el sometimiento; los pactos erróneos con potencias extranjeras; las declaraciones de guerra inútiles e incomprensibles; las decisiones de Pau Claris contra la voluntad de instituciones y de su propio pueblo; el afrancesado y recompensado Josep Margarit, las familias burguesas vigatanas, al defender sus propios intereses clasistas; la traición a Jaime de Urgell en el Compromiso de Caspe, colocándose del lado de Fernando de Antequera, por ser la familia con mayor poder en el tráfico de lana de España…
Castilla tampoco ha respetado, ni ha entendido nunca, la independencia ambicionada por los catalanes en sus usos, leyes, costumbres, cultura e idioma, que no territorial, llevados por un centralismo radical, aplicado con el mismo rasero a todos los reinos de España y a una visión prepotente y especialmente dominante de sus actitudes para con Catalunya.
Naturalmente todo ello desde una perspectiva histórica muy difícil, incluso imposible de juzgar, pero que podemos tener en cuenta para conocer medianamente la verdad y decidir cual es nuestra opinión.
Mujeres y abuelas con niños bajaron hasta la playa huyendo de la carnicería que se les venía encima, aquel fatídico día 14; pero los soldados franceses y castellanos, las obligaron a regresar a la ciudad.
No sé lo que daría por saber lo que le pasaba por la cabeza a una cualquiera de aquellas abuelas, corriendo a la desesperada con sus nietos en brazos, y el farcell atado a la espalda, sobre que opinaba sobre la patria, sobre la defensa de los derechos, sobre este rey o el otro, sobre las decisiones de los comunes, sobre el sacrificio de sus hijos desde las trincheras, sobre…el dolor del ataque a muerte que les esperaba a sus nietos, a sus hijos…si es que sabían algo de ellos entre estallidos, fuego, zambombazos, deflagraciones, derrumbes y una ciudad destruida, en llamas, de la que solo debían oírse alaridos, gritos de angustia, bramidos de dolor griteríos de auxilio, con unos cuantos soldados empujándolas, ensayando con sus bayonetas, hacia el anfiteatro de la muerte.
¿Ahora sí.? ¿Intuimos ahora lo que piensan nuestras abuelas, pulcras y delicadas depositarias de nuestros niños.? Fiduciarias, día tras día del futuro de esa generación de niños, tal vez extremadamente manipulados por unos y por otros, por nosotros mismos, por una sociedad insatisfecha a consecuencia de una situación indeseada que nos ha llevado, también, a acopiar miles de esos niños con la misma hambre, necesidad, soledad y penuria que aquellos otros.
Abuelas a quienes nos les llega apenas para una comida diaria.
Pero eso sí, al igual que en aquel lamentable día, exactamente igual, nuestros prohombres discuten, rivalizan y conjuran para hacernos entender “eso de la patria”, eso de la “bandera”, eso de las “fronteras”…
¿Pero que ocurrió con los poderosos aquel día? Es fácil de suponer; (aunque se puede demostrar históricamente) huir, salir de la contienda deprisa y corriendo, dejando a las habitantes de las oscuras profundidades económicas, que defendieran hasta la propia muerte, todo eso de la patria, la bandera, la frontera… Y aquel tropel de poderosos que huyeron entonces, han llegado con sus apellidos barrocos, exuberantes y churriguerescos hasta nuestros días, y volverán a huir a la hora de la verdad para conservar sus patrimonios, sus riquezas y sus fortunas venga lo que venga.
¿Alguien puede recordar un solo apellido de uno de aquellos niños sacrificados entonces? ¿Y quien se acordará de los que estamos sacrificando ahora?
¡Qué más da, a nosotros nos sigue preocupando lo mismo: patria, bandera, frontera… mientras que solo Letonia tiene una mayor pobreza infantil que la nuestra!
El problema es multidimensional y una de las principales causas de las violaciones de los derechos de los niños. No significa solamente que sus necesidades básicas –como comida, ropa o casa– no estén cubiertas. También está relacionado con la exclusión social, la falta de acceso a servicios, el miedo a su futuro, el pánico que viven a diario en sus hogares por la penuria económica, sin entender otra cosa que lo que les estamos inculcando, patria, bandera, fronteras.
Tal vez podemos suponer que aquel lejano día 14 el miedo de aquellos niños estuviese en consonancia al que tienen ahora.
Acabar con la pobreza infantil supone tomar las decisiones políticas adecuadas para lograr cambios positivos y duraderos en las vidas de los niños. Pero eso ahora no es lo importante. Estas decisiones están al alcance solamente del capital. Y ellos saldrán corriendo una vez mas.
Pero…¡A quien le importa todo esto!