¿RECONQUISTA?

Por favor, no le llamemos Reconquista.
Fue una conquista bárbara, territorio por territorio, que desde el arriano o pagano Pelayo hasta la católica Isabel, es decir setecientos años, llevaba en sí mismo y como propósito la desolación, la apropiación por la fuerza de propiedades, la destrucción de culturas consolidadas y extraordinarias, el saqueo indiscriminado para la riqueza personal, la desolación, matanzas y expulsión de familias enteras, de pueblos y aldeas. El regicidio de ideas y de personas…algo muy parecido, pero en violento, de lo que nos pasa hoy con la corrupción de cuello blanco.
Todo eso no tiene nada que ver ni con la formación de una nación ni con una religión. Y mucho menos la católica. Creo.
Qué duda cabe que los musulmanes invadieron la península ibérica, también con deseos de apropiarse de patrimonios y riquezas, aunque esto merece una aclaración.
Empezando por el desembarco de los bereberes según el historiador Ib-Hazm y descrita en el libro “Crónica Mozárabe” (escrita por un cristiano supuestamente Isidoro obispo), hasta llegar a la Casa de los Omeyas y finalizar con los reinos de taifas que los dividió y que incluso hasta llegó a enfrentarlos.
Durante seiscientos u ochocientos años –algo más de treinta generaciones- su cultura impregnó al-Ándalus (se conoce como al-Ándalus al territorio de la península ibérica y de la Septimania bajo poder musulmán durante la Edad Media, entre los años 711 a 1492).
Anteriormente los Millares, el Algar, los turdetanos, los íberos, Cartago, los fenicios, los griegos, visigodos, musulmanes, pero sobre todo los romanos que son en mi opinión los que fueron conformado una forma de pensar, una forma de ser y una manera de entender la existencia, la convivencia y las relaciones entre unos y otros, que prácticamente ha llegado intacta hasta nuestros días.
Aunque tal vez de entre todas ellas la cultura más grande, la de mayor esplendor fue la de los Omeya, emirato independiente del Califato de Damasco, aunque repito, el pecho que nos amamantó con mayor influencia fue el de Roma.
Roma; sus leyes y costumbres influyeron mucho más en el desarrollo de Iberia que cualquiera de la demás culturas. Una mayoría importante de historiadores se decantan por afirmar que el motivo de que nuestra cultura se base más en la autoridad romana que no en la indiscutible cultura omeya, ya que aquella no tiene la base impositiva religiosa de la segunda y por eso ha llegado con más fuerza hasta nosotros. Puede ser. No lo sé, lo cierto es que tenemos mucho más de romanos que de musulmanes.
Isabel debió entenderlo así puesto que los cimientos que excavó para establecer una Hispania unida, con un solo y todopoderoso conductor, (después de la destrucción de la diversidad de pueblos, costumbres, derechos, tradiciones y lenguas de la península) lo tenemos a la vista.
Se dejaron de respetar las costumbres, los derechos, las tradiciones e incluso las instituciones de cada pueblo, para constituir una dominante y absolutista nación, con la que nunca estuve de acuerdo.
Pero eso sí, ella y Fernando cambiaron una época.
Vizcaíno Casas ese escritor sobre el que no se puede dudar de su procedencia dijo en su libro sobre Isabel, “…mi escepticismo sobre la verdad de la Historia y mi admiración por considerarla “camisa vieja…””
Es una definición casi perfecta.
Con ella llegó el fin de la “reconquista”. El fin de la ocupación, la victoria de “España (¿?)” y de los “españoles (¿?)” y sobre todo el triunfo de la religión cristiana.
Para poder definir el cambio que se establece con la victoria de los católicos surge la pregunta de si la penetración musulmana en la península fue simplemente la entrada de unos nuevos gobernantes y un cambio político, o una revolución social y cultural.
Y entendemos que la religión islámica era en aquella época mucho más avanzada socialmente que la cristiana, y esta era la base de su organización política y social.
Esto, unido a la gran cantidad de problemas sociales y políticos que se vivían en la península, hizo que en la mayoría de los casos, la llegada de la nueva cultura beréber-musulmana fue, no sólo aceptada, sino bienvenida.
No por religiosa, sino por liberadora de siglo y medio de desgobierno visigodo.