VAMOS TODOS A VOTAR.

VAMOS TODOS A VOTAR.

Fue una ceremonia grandiosa.
Muchas familias poderosas, oriundas de los confines de la madre Huerta, estaban enfurecidas con la convocatoria. Les molestaba tanta prisa, tanto alboroto, el escándalo de toda aquella batahola, agitada por la gresca, el jolgorio que producían.
Mientras que la turba entusiasmada procedentes de los oscuros rincones de las grutas y covachas subterráneas del inframundo, se embriagaba en una delirante alegría por comulgar nuevamente con sus mayores.
Votafum, dios de dioses, deidad omnipotente, Ser Supremo, Señor poseedor de todos los seres de la Tierra –clara y oscura- se sentaba en el Sitial reservado a los más grandes soberanos habidos y por haber. A su lado su nieto, Hypognato, futuro rey del imperio de su anciano ascendiente, miraba la turba escandalosa, mientras le preguntaba a su abuelo, Gran Señor de todo aquello.
-Otra vez abuelo, otra vez lo mismo de siempre.
-Sí pequeño Hypognato debes irte acostumbrando, porque un día serás tú el dueño y señor.
-Pero siempre es igual abuelo.
-En cada momento, en cada época, Hypognato, es más o menos igual, pero debemos sacrificarnos para conservar nuestra sagrada especie. Reconozco pequeño, que en época del Imperio era un tanto mas divertido…pero…
-Puedo tirarles pan…
-No hijo, no, ya he conseguido que los rayos del sol me obedecieran y que deterioraran los frutos para que ningún humano pudiera consumirlos. Zeus está también a mis órdenes. Solo hace falta convocarlos cada cuatro años.
La ceremonia se inició, los cigarrones obedientes y disciplinados formaron una interminable fila, con el traqueteo de sus collares de hierro y los ojos puestos en el suelo. Mientras cruzaban el único pasillo de acceso con sus pequeñas candelas y sus sueños encendidos, formando una serpentina hilera de luces que cruzaban la irremediable penumbra creciente, luchando por dominar los resoplidos de los divertidos espectadores que habían apagado más de la mitad de ellas para cuando estaban ya tocando su intentona.
Vale la pena repetirlo: fue una ceremonia grandiosa.
Mas tarde las familias poderosas oriundas de los confines de la madre Huerta regresaron a sus mansiones, algunas a sus alquerías otras a sus alcázares, un tanto aburridas de que el entretenimiento fuese siempre el mismo.
Votafum, dios de dioses, deidad omnipotente, Ser Supremo, Señor poseedor de todos los seres de la Tierra –clara y oscura- tomó de la mano a Hypognato, su nieto, futuro Ser Supremo, Señor poseedor de todos los seres de la Tierra, mientras le narraba la historia de cómo debía atrapar a la diosa Fortuna puesto que significaba tener lo que uno quería, dado que Zeus ya estaba con ellos. Pero atrapar a la diosa Fortuna no era fácil. En principio porque la diosa Fortuna era muy veloz, y después porque tenía un capricho muy extraño y era que odiaba que su pie pisara su huella. Por eso, jamás pasaba dos veces por el mismo lugar…
Mientras que la turba entusiasmada, procedentes de los oscuros rincones de las grutas y covachas subterráneas del inframundo regresó feliz a sus chamizos a la espera de que un día ellos también alcanzaran el confín de las riquezas, del poder y el bienestar.