VIVO EN UN PAIS DE BÁRBAROS

Vivo en un país de bárbaros.
Y no me importa lo que se haga en otros países como Dinamarca, Bulgaria o Inglaterra.
Yo vivo en un país de bárbaros y de incultos.
Cada año, se organizan en España unas 16.000 fiestas populares en que se utilizan animales.
La tortura de animales es una des las distracciones mas frecuentes durante las fiestas populares españolas.
Si los animales sufren más o menos como lo harían los humanos, ¿por qué la gente se divierte con ello? “Eso no es más que un atavismo primitivo y vandálico”.
Es posible, pero en España parece que coleccionamos atavismos vandálicos. Y que los mantenemos siglo tras siglo.
“Somos bárbaros por nuestra historia, pero también porque hemos tenido gobiernos muy permisivos que han tolerado todo esto.
En honor de la Virgen y de los Santos, y con la bendición de las autoridades religiosas y civiles, poblaciones enteras, niños incluidos, participan en fiestas de una crueldad inaudita. 60.000 animales son así maltratados cada año durante las «fiestas de sangre»
Las víctimas mayoritarias de las fiestas populares crueles españolas son toros, pero también hay otros animales que sufren esta violencia, como cabras, burros, aves, ardillas y palomas entre otros.
Con las aves, la práctica consiste en decapitar gallos u otras aves, tales como palomas, patos u ocas. En la mayoría de casos, las aves se encuentran atadas y colgadas del revés en cuerdas en lo alto de las calles. Para poder llegar a decapitarlas se pueden emplear las siguientes técnicas:
En Extremadura o en La Rioja la barbaridad consiste en que jinetes a caballo y a gran velocidad las agarren del cuello con la mano, sin soltarse. El caballo continúa corriendo, con lo cual el cuello se desgarra y la cabeza se separa del cuerpo.
En Tordesillas, consiste en que chicas adolescentes con los ojos vendados, jueguen a “romper la olla” pero no golpeando un pieza de cerámica, sino descuartizando a un gallo con una espada.
En Aduna (País Vasco), hay pollos que son enterrados hasta el cuello, yendo luego aldeanos con los ojos vendados a decapitarlos.
En Robledo de Chavela (Madrid), consiste en atrapar palomas y ardillas en ollas de barro y que los vecinos les lancen piedras hasta decapitarles o matarles.
El carnaval de Villanueva de la Vera se conoce como la fiesta de PeroPalo. Una de las actividades consiste en atar y arrastrar un burro por las calles de la villa, siendo ridiculizado y sometido a todo tipo de vejaciones.
Los “patos al agua” consisten en soltar patos en el puerto y que los habitantes se lancen al agua a capturarlos por todos los medios, esto se celebra en L’Escala (Girona) y en Sagunto (Valencia)
El lanzamiento de una cabra del campanario en Maganenses de la Polverosa (Zamora) ha sido prohibido por ley, ya que esta canallada avergonzaba al resto de pueblos de Castilla y León. Consistía en lanzar a una cabra del campanario por las fiestas patronales en honor a San Vicente. El primer año que esta se prohibió, el pueblo llamó a la desobediencia y fueron lanzadas dos cabras.
En las Islas Canarias los combates de gallos están autorizados y en otras comunidades están también permitidos bajo ciertas regulaciones. En Guipúzcoa y Vizcaya se llevan a cabo frecuentemente crueles peleas de carneros en que los animales acaban exhaustos y con la cabeza ensangrentada por los golpes de los cuernos del otros animal.
En Carpio del Tajo (Toledo) hay una tradición en la que el rito ancestral consiste en colgar gansos de cuerdas en la plaza del pueblo y los mozos, montados a caballo, tienen que conseguir arrancarles la cabeza. Una vez arrancadas estas cabezas son quemadas y los participantes que han logrado su objetivo consiguen un trofeo.
En Mallorca, en el pueblo de Pollença se mete un gallo en una caja y se cuelga de un árbol… y en la fiesta de Sant Joan Pelós, se pasea un cordero de dos días por el pueblo. En algunas ocasiones se le dislocan los huesos o incluso mueren.
En Algemesí (Valencia) se realiza una de las más crueles fiestas populares con becerros en que los aficionados lidian y matan con espadas a animales de pocos meses.
En algunos pueblos se hacen rodeos en las plazas de toros. Las víctimas son caballos, burros, ovejas, cabras, etc. Normalmente, un mozo intenta montarlos. En la mayoría de casos acaban con roturas, dislocaciones o hemorragias internas, o corneados por toros que también son obligados a participar.
Se realizan en España muchas otras barbaridades taurinas populares (en que participa el público en general). Estas incluyen los encierros, las vaquillas, toros de Ohanes, capeas, el toro de aguardiente, probadillas, recortes, cortes, sacas, etc.
San Fermín. La fiesta del toro. (Opinión de Pilar Rahola)
“…más allá de su carácter masivo, está la fiesta en sí, -y es aquí­ donde el alma de algunos se nos queda colgando de la percha de la tristeza. Pasaré por encima del gran botellón que representa, con las calles pertrechadas de jóvenes borrachos que confunden la diversión con diluir la sangre en alcohol. La alegría con que se bebe, a todas edades y condiciones, durante los sanfermines, siempre me ha resultado un espectáculo deplorable. Pero si no son menores -¿nunca lo son?-, ni se dedican a mear por las calles, ni insultan al barrendero, que hagan lo que quieran con su cuerpo y mente, que cada cual encuentra la forma de dejar de tener apariencia humana. Sin embargo, los sanfermines no sólo se dedican a machacar el cuerpo de cada cual, sino que basan su fiesta grande en torturar a pobres animales cuya capacidad de decidir la diversión es evidentemente nula. Ver cómo unas decenas de animales nobles, con su sensibilidad, su derecho a la vida y su fuerza, son forzados a correr por calles repletas de miles de personas que les chillan, les insultan, les tiran todo tipo de objetos, y los conducen a una muerte segura y brutal, ver ese espectáculo es ver el espectáculo de la miseria humana. Desde luego, en esa fiesta, lo más humano es el toro. ¿Belleza? La belleza de la crueldad, que puede ser bella, tanto como es malvada. La sangre siempre es estética. ¿Valores? Los valores que contiene una fiesta de esta naturaleza, arraigan en una concepción primitiva de la masculinidad y, desde luego, entroncan al corredor con los tiempos en que la supervivencia viví­a sus épocas más primitivas. Es una fiesta de fuerza bruta. Pero hoy ya sabemos que los seres humanos somos los más brutos, tanto que ya hemos destruido miles de formas de vida, hemos pasado por el planeta como una plaga de langostas y, en nuestro delirio, podemos incluso destruirlo. Sabiendo que somos los más brutos, ¿hace falta demostrarlo por las calles de Pamplona? ¿Hace falta proyectar al mundo una concepción bárbara de la relación entre el ser humano y el animal? Con un añadido, que esa proyección que hace famosa a Navarra en todo el mundo, no la hace famosa para bien. Puede que todos los bárbaros norteamericanos, que nunca permitirían esa fiesta en su país, vengan a correr por las calles navarricas. Pero no nos engañemos: se divierten bárbaramente en un país que se lo permite. Probablemente muchos de ellos se divierten tanto como nos desprecian.
Y he aquí algunas de las barbaridades que promulga el señor José Almenara Barrios:
1.La fiesta de los toros en sus múltiples expresiones, de las cuales la corrida es el paradigma actual, representa un patrimonio cultural para España de primer orden.
2.La corrida, se quiera o no, identifica a lo español, entre otras cuestiones porque ha impregnado e impregna toda y cada una de las bellas artes que se desarrollan en nuestro país.
3.El toro es no sólo un símbolo primigenio de la cultura ibérica, sino que representa un objeto cultural que es necesario preservar, no encerrándolo en un zoológico sino manteniéndolo en su hábitat natural, alejándolo de la muerte indigna de un matadero.
4.El espectáculo taurino constituye una actividad económica de primera línea por el impacto económico que realmente tiene la fiesta en nuestra sociedad.
Dejando claro que representa el segundo espectáculo de masas de España, movilizando millones de personas en una temporada, y generando miles de puesto de trabajos directos e indirectos.
5.Es necesario un reajuste de la política fiscal que soporta la fiesta, gravada con impuestos demenciales y nulamente beneficiada.
6.Instamos a los poderes públicos a generar e implantar políticas nacionales, autonómicas y locales para salvaguardar y fomentar a la fiesta de los toros como patrimonio cultural heredado.
7.Solicitamos que la fiesta de los toros ocupe el papel que le corresponde en los medios informativos de titularidad pública en consonancia con el volumen de espectadores que mueve anualmente. Es urgente, un replanteamiento por parte de los gestores de medios audiovisuales públicos de su política de ocultamiento, fundamentalmente televisivo, del hecho taurino.
Por cierto, creo que hemos valorado poco las palabras de D. Ramón Pérez de Ayala sobre los toros, me gustaría recordarlas, nos dice: “No. Nunca… los toros no pueden morir. Moriría España”. Esa identificación es enormemente interesante, y de una candente actualidad. Algunos nacionalismos extremos que soportamos parece que han llegado a esa misma conclusión, ¿o no es el ataque a la Fiesta en Cataluña, en parte, un ataque a la idea de España como nación? Eliminada la Fiesta de Cataluña, es mucho más fácil decir que no somos españoles. Por terminar con D. Ramón Pérez de Ayala, me gustaría citar la idea que plasma cuando le preguntaron si los toros es símbolo de incultura, él respondió: “¡Tonterías! Si los toros no se universalizan más es porque no es posible.
Pues bien, vamos a ver algunas de las barbaridades que reivindica este buen hombre:
Tordesillas. Los que apoyan esta fiesta argumentan que es un tradición del siglo XV. El toro es perseguido en la vega del río Duero por lanceros a caballo que tienen que matarlo acorralándolo y atravesándolo con las lanzas. El que logra dar el lanzazo de gracia al animal es reconocido casi como un héroe en el pueblo.
en Aragón, Navarra, La Rioja, Andalucía y Valencia pero sobre todo, en Castilla y León. (El más famoso es el de Benavente, en Zamora, entre el 9 y el 14 de junio). Las reses son sujetadas por la cabeza para atarles los cuernos. Luego son arrastrados por las calles para regocijo de quienes corren junto al animal. Estas sogas producen grandes traumatismos en la cepa del cuerno y profundos desgarros en los músculos del cuello.

Cada año, por las fiestas de San Juan, en la localidad de Coria (Cáceres), se hace correr al toro de una manera particularmente cruel por el recinto del casco histórico amurallado hasta que se encierran en un coso.
Decenas de personas lanzan dardos al toro, mediante soplillos o cerbatanas, durante horas. Los dardos punzantes, decorados con papel, se clavan por todo el cuerpo del animal, incluido morros y ojos.

Al entrar en la plaza, el toro sufre una entrada espectacular: en la puerta le esperan unos mozos, con unos punzones decorados con guirnaldas muy coloridas, para enganchárselas en el morro al toro. 
El muro se conoce como el de “los sustos”. 
Al entrar en la plaza, le esperan otros mozos que continúan con el mismo sufrimiento hasta que, tras unas dos horas, cuando el animal agonizante ya no resiste más, se acaba con él a tiros de escopeta y se le cortan los testículos.
“Toros al mar”, los animales son perseguidos y acorralados hasta que cae al mar. En algunas ocasiones el animal muere ahogado. Esto se hace en Denia (Alicante), en Beas del Segura (Jaén) y diversas localidades de Tarragona y Valencia como Montcada.
Los toros al agua se persiguen hasta que resbalan y caen al mar o se tiran desesperados por la persecución desde el muelle del puerto.
En Tordesillas (Valladolid) centenares de hombres a pie y a caballo persiguen a un toro a lanzazos durante horas hasta matarlo delante de 20.000 espectadores desenfrenados.
El “toro de fuego” o “toro embolado” (corrabous en Catalunya)consiste en prender fuego a unas antorchas o bolas colocadas en los cuernos de los astados y untadas con alquitrán o y soltándolos en una plaza o por las calles. Esta práctica se lleva a cabo en lugares como Medinacelli (Soria ), Vejer de la Frontera (Cádiz), o distintas localidades de Tarragona, como Amposta, o Valencia, como Ontinyent. Es frecuente que se quemen los ojos con las chispas.
Para los toros de fuego (“embolats” en Catalunya) se atan a la cabeza del animal unos artefactos metálicos con hasta 5 bolas de material inflamable que encienden antes de soltar al animal. 
Para colocar esta “maquina de tortura” inmovilizan al animal atándolo por los cuernos, tirándole del rabo y sujetándolo de las patas bruscamente.
El animal, a causa del pánico que siente al quedar envuelta su cabeza de fuego, va dando cabezazos en un intento frustrado de deshacerse de las bolas de fuego. De las bolas de fuego caen chorros de líquido candente y brasas que salpican en sus ojos y morro y queman su cuerpo. Los mugidos desesperados, cabezazos y babeo de los animales muestran el inimaginable estrés que están sufriendo.
En las Terres de l’Ebre (Catalunya) en ocasiones se coloca a los animales fuegos artificiales en los cuernos.
En Medinacelli, Soria, se celebra el más cruel de estos espectáculos. Se le coloca a golpes unas sobre-astas tan violentamente que a menudo provoca hemorragias a los animales que sangran por la boca y la nariz.
También se llevan a cabo en Aragón (especialmente en Zaragoza y Teruel) y en la Comunidad Valenciana, donde sufren este martirio unos 1,200 toros y vacas al año. 
Otras Comunidades como Madrid, el País Vasco, Castilla-la-Mancha y Andalucía han prohibido expresamente los toros de fuego y algunos los han sustituido por carretillas o armazones llevados por personas.
La sana envidia que sentía por la que parecía una comunidad con mentalidad progresista y europea se ha convertido en desprecio. Me siento estafado por unos nacionalistas que han manipulado la protección animal hasta convertirla en cuestión de identidad. Una bandera marca la diferencia entre la tortura y la tradición. Si el trapo es español, y ondea en una plaza de toros, lo que allí sucede es tortura. Si se trata de una senyera, y cuelga en un balcón, se trata de tradición.
No creía que se pudiera ser tan miserable, pero está claro que los políticos no dejan de sorprenderme.
Me indigna que las gentes se divierta con ello.